Las pymes también pueden y deben innovar

Se oye y se lee en multitud de foros sobre la necesidad que tienen las empresas españolas de innovar. A más de uno el término puede confundirle creyendo que se trata de una nueva disciplina desconocida o que es una corriente de gestión que conduce al éxito inmediato, y debe aplicarla cuanto antes en su organización. Nada de eso, por lo que conviene desmitificarlo y explicar el significado en su justo término.

Pongamos un ejemplo muy claro: Nespresso ha cambiado radicalmente el concepto de tomar café, convirtiéndolo en un artículo de lujo. Vende distintos modelos de su cafetera en exclusiva y las cápsulas para prepararlo sólo pueden comprarse en sus tiendas, o bien haciendo un pedido por teléfono o en su tienda online. Ha cambiado un “commodity” en algo original y el consumidor está dispuesto a pagar por ello. Eso es innovación.

Por otro lado, cuando se habla de empresas innovadoras parece que se hace referencia siempre a las grandes, con alto potencial tecnológico, pertenecientes a sectores punteros y que nos encontramos cada dos por tres en los periódicos de papel salmón. Es verdad que alguna de ellas innova, aunque no la mayoría, pero las pequeñas también pueden –y deben– hacerlo. De hecho, son las más proactivas. Pero ahora, más que nunca, es casi una necesidad.

Por dónde empezar a innovar

Una empresa con un comportamiento innovador es aquella que procura obtener ventajas competitivas en su nicho de mercado, así como en aquel al que hasta ahora no prestaba atención. Da igual su tamaño, el sector en el que se encuadre o su capacidad financiera. Y no tiene por qué circunscribirse a la parcela tecnológica. La innovación puede aplicarse a productos, servicios, procesos y al modelo de dirección, es decir, a cualquier punto de la cadena.

La empresa debe empezar por replantearse cuál es su curva de valor. ¿Qué hace actualmente que considera básico, pero que podría dejar de hacer? ¿Qué cosas no tienen importancia hoy, pero puede ser básico en un tiempo no tan lejano?

La clave es la diferenciación y conseguir que esa curva sea distinta a la de sus competidores si quiere alcanzar esa ventaja competitiva. Esta mentalización en positivo supone dar una oportunidad a la innovación, y a partir de aquí surgirá todo un proceso de reflexión que puede llevar a crear algo novedoso que aporte valor. Ese es el objetivo.

Estrategias de innovación

Se ha terminado la época de la eficiencia operativa como modelo competitivo sostenible, pues el abaratamiento de costes tiene un límite. Ese “gap” cada día ofrece menos ventajas en un mundo globalizado como el actual.

Estrategias hay muchas, y cada compañía debe adaptarse a la que se sienta más cómoda. No hay por qué inventar otro iPhone, pero sí mejorar la calidad de lo que se vende, abaratar algo los costes o perfeccionar los sistemas internos. Además, el propio mercado de la empresa puede ser, o no, más proclive a la innovación. Pero si los competidores introducen novedades, habrá que ponerse también a ello.

Estrategia agresiva: consiste en tomar la iniciativa y abrir una brecha importante frente a los adversarios. Esto conlleva algunas consecuencias:

  • Aporta mayores beneficios durante un tiempo por ser los primeros
  • Se consiguen importantes tasas de crecimiento
  • Se logra fidelizar a los clientes propios y atraer a los de la competencia
  • Pero obliga a no ser “cortoplacista”, a implementar una estrategia sin fecha de caducidad

Estrategia defensiva: el planteamiento es permanecer atento al mercado y ante el menor movimiento de la competencia, actuar. Esta táctica también tiene sus efectos:

  • Exige menores costes ya que otro ha realizado las pruebas antes del lanzamiento
  • La empresa no será líder, salvo que su imitación sea mejor que el original
  • Paraliza la fidelización de los clientes hacia el competidor
  • Amortigua la ventaja competitiva del pionero
  • Pero una innovación radical del precursor puede obligar a la compra de licencias de uso, con lo que los costes, lejos de disminuir, aumentarían

Cualquiera de las dos alternativas requiere un esfuerzo, en unos por ser líderes y en otros por no perder su cuota de mercado.

No es fácil ver venir los cambios que se producirán en el futuro, y es cierto que existe poca tolerancia ante el fracaso si no se acierta en las predicciones. Pero lo importante es no permanecer impasibles ante los cambios.

Innovar no es una ciencia, es un método que busca impregnar en toda la organización, desde el primero hasta el último colaborador, la necesidad de provocar un movimiento de impulso hacia zonas más confortables donde la empresa se encuentre más segura. Y así permanentemente.

Más información| Observatorio Español de la Innovación y el Conocimiento
Más información| Foroinnovación
Más información| Fundación COTEC
Imagen| campuspartyeuropa

JotaC es licenciado en Ciencias de la Información y desarrolla su actividad profesional en la banca, en el área comercial