Pilotar la empresa igual que Fernando Alonso su fórmula 1 en Korea

Fernando Alonso

Ayer era domingo y tocaba ver a Fernando Alonso en la Fórmula 1. Los aficionados al deporte rey del asfalto y del motor pudimos ver una complicada carrera bajo la lluvia que por momentos me recodaba a muchos pequeños empresarios españoles que están sacando sus negocios adelante. Y es que aquí, en términos económicos, también llueve sobre mojado.

El panorama previo a la carrera era de tensión. La competencia es muy fuerte y ninguno de los pilotos con opciones a ganar el título quería cometer ningún fallo que le restara posibilidades o le descartara definitivamente de la pelea. Los errores se pagan muy caros cuando se tienen rivales tan bien preparados, igual que en cualquier negocio: se trata de un puro ejercicio de supervivencia, así que las estrategias se habían pensado a conciencia y diseñado al milímetro.

Muy importante lo anterios cuando se va a correr en una pista en las condiciones que se preveían, que se cumplieron, de fuertes lluvias. En nuestro país, llevamos ya una buena temporada en la que también están cayendo chuzos de punta y las previsiones no dejan ver los claros por ninguna parte. No me refiero a las que nos sirve DigitalMeteo, sino a las económicas del Gobierno de España. Nubarrones empresariales a la vista y la carrera se va a correr, nos guste o no, salvo que decidamos bajarnos del coche. Así que no queda más remedio que preparar una buena estrategia y conducir nuestro negocio con manos de maestro. Igualito que hizo Alonso con su fórmula 1 en Korea.

Se inicia la carrera y sale el Safety Car cada dos por tres. Esto me recuerda a las situaciones concursales de las empresas, como si el coche de seguridad fuera un administrador judicial y el Reglamento de la F1 la mismísima Ley Concursal: Es por el bien de todos, los que han chocado, que no pueden seguir compitiendo, y los demás, supuestamente ayudados para verse afectados lo mínimo por las incidencias que provocaron los que cayeron.

Algunos pilotos como Webber dicen que así no hay quien corra. Normal. Tampoco es fácil hacer negocios en un entorno como el actual, pero hay que aguantarse. “Ajo y agua”, que reza el dicho. Días atrás decía el representante de los empresarios españoles, Díaz Ferrán, que había que trabajar más y cobrar menos. Hombre, yo creo que ni una cosa ni la otra. El piloto pisó un piano, hizo un trompo y no terminó la carrera, mientras que el empresario actualmente está tratando de dominar unos negocios que llevan meses girando sin control.

En estas condiciones tan difíciles sólo aguantan las mejores mecánicas. Tanto arrancar-parar-arrancar-vuelta a parar… y así durante más de una hora, hace que los corazones de los bólidos más impresionantes sufran demasiado. Ni siquiera el equipo líder es capaz de aguantar, dejando en evidencia que la mecánica del segundo es más fiable. Últimamente esto pasa con pymes destacadas en su sector cada día, que caen como moscas cuando su motor no era tan bueno como creían, o decían.

Con la pista mojada, te despistas, pisas un piano y haces un trompo. Con la ¿mala suerte? (¿acaso existe?) de que el que viene por detrás te embiste y te deja fuera de carrera con el coche destrozado. Igual que ese empresario que ve cómo su negocio “se acerca al piano” porque es demasiado dependiente de unos pocos clientes y ¡raaass! llega un día en el que anda con lo justo y le llama el más importante para decirte que ha caído y no le puede pagar. Trompo y la empresa del revés. Todo sucede muy rápido y, mientras gira y gira descontrolado, ve pasar por delante todas las cosas que podía haber hecho y ni siquiera intentó. Por ejemplo, repartir el riesgo captando más clientes. Los competidores, que vienen por detrás muy rápido, no frenan a tiempo y se encargan de embestirle, dejándole “out” de manera fulminante.

La carrera sigue, con los que van quedando en pista. Los negocios, también. Llega el momento de repostar y cambiar neumáticos. Máxima tensión por lo que hay en juego. Veo la imagen en mi mente del empresario al ir al banco, justamente a lo mismo: Dame más gasolina para que mi negocio pueda seguir corriendo. La misma tensión que el piloto cuando le avisan por radio de que debe entrar en boxes, la misma gota de sudor que cae por su frente al desear que todo salga bien. Y la competencia le sigue al milímetro, entrando a la vez en el “pit lane”. El que lo haga mejor, puede obtener una importante ventaja competitiva, sin duda clave para ganar en su mercado.

Alonso cruza la línea de meta en primera posición y la carrera llega a su fin. Termina el Gran Premio de Korea. A muchos empresarios, hoy en día parece que le sacan la bandera a cuadros cuando llega a su casa cada día, tras la dura jornada. Momento de quitarse el barro del mono y ponerse cómodo para descansar. Aquí hay una gran diferencia, ya que en el mundo de la empresa hay carrera todos los días.

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Imagen | Gregory Moine

Pablo Herrero

Pablo Herrero es Ingeniero Industrial en la especialidad de Organización Industrial, relacionado con la Ingeniería de Organización de empresas. Escribe habitualmente en el blog Fuera de Límites y ha colaborado en Pymes y Autónomos.

Puedes seguirlo en Twitter en @pabloherrero