Ocho trucos que te ayudarán a negociar tu propio despido

Llega un momento en la vida laboral de un trabajador en el que no se encuentra cómodo dentro de una organización. Su motivación cae y con ello su productividad. Es una situación incómoda que no interesa ni a la empresa ni al trabajador. Por eso vamos a detenernos en los ocho trucos que te ayudarán a negociar tu propio despido.

Esto también puede ocurrir cuando la empresa se ve forzada a reducir personal por diferentes causas, generalmente económicas. Si se da en un número sustancial de empleados, se tiene que tramitar a través de un Expediente de Regulación de Empleo, ERE. Los trabajadores se pueden acoger voluntariamente o ser designados por la empresa.

1. Una situación incómoda para todos

El primer truco para negociar es tener claro que, aunque seamos nosotros los que queremos irnos, es una situación que a la empresa tampoco le beneficia. Pongamos el caso de que es el trabajador el que quiere negociar el despido. En el momento en que el empresario acepta, está reconociendo que él tampoco se encuentra cómodo con la relación laboral.

Si es la empresa la que quiere negociar el despido, aquí el trabajador tiene más argumentos, ya que lo que busca es no llegar a pagar el máximo de indemnización que marca el despido improcedente. Se buscará rebajar dicha cantidad, por lo que se entra en la negociación entre ambas partes. El trabajador no tiene que pensar que se encuentra en una situación de debilidad, ya que esto siempre da ventaja a la parte contraria.

2. Acuerdo transaccional de despido, cuando ambos están de acuerdo

En este caso, empresa y empleado llegan a un acuerdo, por el que la primera paga una indemnización a cambio de reconocer una serie de hechos, así como la renuncia a reclamación posterior a través de los tribunales. El trabajador reconoce mediante este acuerdo las causas de su despido improcedente. La compañía se asegura que no habrá una reclamación judicial posterior.

El objetivo del trabajador tiene que ser llegar a la cantidad máxima posible por despido improcedente. Lógicamente, a la empresa le interesa que esta cifra se rebaje, pero también tiene en cuenta que, si hay reclamación posterior y el trabajador gana el juicio, podría tener que readmitirlo y pagarle el salario de los meses que ha durado el proceso en los que no ha trabajado. También las correspondientes cotizaciones a la seguridad social.

3. Aprovecha para reclamar diferencias salariales

Si es la empresa la que busca entrar a negociar el despido, puede ser un buen momento para reclamar diferencias salariales. Un ejemplo podrían ser una clasificación profesional inadecuada, no estar en el convenio colectivo correspondiente a nuestra actividad o unas tablas salariales no actualizadas. Jugar con estas cartas acerca al empleado a su objetivo de obtener la máxima indemnización posible.

4. Cláusulas de confidencialidad y no competencia

También es interesante negociar ciertas cláusulas que se pueden haber firmado, como confidencialidad o no competencia. En general, este tipo de condiciones comprometen al trabajador una vez finalizada la relación laboral a no revelar datos o trabajar en empresas de la competencia durante un tiempo. En este caso, se puede buscar que dicho periodo de tiempo se rebaje, dado que ambos quieren finalizar la relación laboral.

5. Ratificar los acuerdos en el Tribunal de Arbitraje

Siempre es necesario que, una vez llegado a un acuerdo, este se ratifique ante un Tribunal de Arbitraje, que es un organismo que depende de cada autonomía. Aquí, trabajador y empresa ratifican sus diferencias y firman el pacto que regulará la desvinculación contractual. Tiene que constar el reconocimiento por parte del trabajador de la causa manifestada en la carta de despido y de los hechos que en su caso se le imputen.

También debe quedar reflejado el importe de la indemnización y su aceptación por parte del trabajador. En caso de ser inferior o superior a la que corresponda legalmente, hacerlo constar. Nunca se debe firmar la indemnización por una cantidad superior, que luego el trabajador no cobra.

6. Forzar el despido disciplinario puede no ser una buena idea

Con todo, cuando es el trabajador el que desea poner fin a la relación laboral y la empresa no quiere, se puede intentar forzar el despido, pero puede que no sea buena idea. Lo normal en estos casos es empezar con dejación de tareas, faltas de puntualidad, bajas médicas reiteradas por causas poco consistentes, etc.

Si la empresa despide, puede alegar un despido por causas disciplinarias o procedente. Aquí es importante ver cómo se ha llevado todo el procedimiento, si han existido o no cartas con amonestaciones disciplinarias leves, graves o muy graves, que pueden acabar en despido disciplinario sin derecho a indemnización.

7. Mejor huelga de celo

En estos casos, lo ideal es utilizar la huelga de celo. El trabajador solo realiza estrictamente las funciones que tiene estipuladas según su categoría profesional y su convenio colectivo. Lo normal es que a partir de aquí la situación se vaya tensando y acabe en una negociación. Aquí también se pueden reclamar diferencias salariales que la empresa no suele estar dispuesta a asumir y acaban con el despido improcedente.

8. Arreglar los papeles del paro

Por último, hay que tener mucho cuidado con eso que se llama “arreglar los papeles del paro“, ya que se trata de una práctica ilegal. Consiste en llegar a un acuerdo para realizar un despido improcedente con causas que no son reales. El trabajador cobra el paro y la empresa se ahorra la indemnización. Esta práctica puede provocar sanciones tanto para la empresa como para el empleado.

Lo cierto es que este tipo de situaciones no son nunca sencillas. El empleado suele estar en desigualdad, a no ser que contrate a un profesional del ramo. Posiblemente sea la primera vez que se enfrenta a esta circunstancia, mientas que el departamento de recursos humanos de la empresas ya habrá tenido que lidiar con otros procesos similares unas cuantas veces y tendrá más experiencia.

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