Racionalizar la jornada de trabajo en tiempos de crisis

Trabajo

Estamos pasando una época difícil, en la que los recortes de presupuesto vienen por todas partes y hay que apretar fuerte para salir adelante en casi cualquier sector. Disponer de menos recursos, exige al equipo humano una mayor productividad a lo largo de la jornada de trabajo, o bien, si ya están saturados, hacer un esfuerzo mayor. Este incremento al que me refiero, normalmente se traduce en muchas más horas en el tajo ¿Tiene esto sentido?

Si hablamos de casos especiales, es normal que tenga sentido ya que no es fácil prever el 100% de la casuística de nuestro negocio. Todos hemos pasado algún “pico”, uno de esos días o temporadas especialemente difíciles, en los que nunca se acaba el trabajo y parece que no terminarán jamás. Si nos vamos ya al terreno de lo cotidiano, es decir, si estamos hablando de trabajar muchas más horas de las pactadas entre empresa y empleados, pero como costumbre, ahí sí que creo que existe un grave problema.

En cada sector, en cada empresa y en cada puesto de trabajo existen particularidades que impiden que en todos se pueda establecer un horario de trabajo común y generalizado. Entre las modalidades más habituales de jornada nos encontramos la partida, la contínua, la entrada y salida flexibles, o el trabajo a turnos, ya sean fijos o rotatorios ¿Cuál es el mejor sistema? Contestando a la gallega, haciendo honor a mi tierra, digo que “depende”.

La jornada ideal para el empresario

Cualquier empresario quiere obtener el máximo rendimiento posible en su negocio. Algunos  creen que la mejor manera es contratar a la mínima gente posible y exprimirlos al máximo, para ahorrar costes y producir a marchas forzadas. Otros no lo ven así y prefieren dimensionar de forma más realista. Puede que la primera estrategia funcione y que los números salgan, pero es un sistema injusto para el trabajador (recibe menos de lo que da) y que cuenta con una importante serie de desventajas.

Tener a la gente “encerrada” en la empresa todo el día puede provocar malestar en el personal. La baja motivación por el trabajo, el estrés laboral y otras enfermedades graves en el personal, la nula identificación de las personas con la empresa, la baja productividad y el sentimiento de estar “quemado”, son sólo algunos de los síntomas que se pueden ver en los grupos que están sometidos a este tipo de jornadas maratonianas. A esto hay que sumarle la difícultad para retener el talento, salvo que se pague muy bien ¿Se quedan entonces sólo los mediocres? Interesante reflexión.

La jornada ideal para el trabajador

A la mayoría de las personas les gustaría poder hacer más cosas que trabajar a lo largo del día. En algunos casos, como por ejemplo el de los que tengan hijos, no es una cuestión de gustos sino de obligaciones de primer nivel (la familia). Formarse, practicar deporte, descansar o tener un rato para el ocio, son algunas de las actividades extralaborales que se pueden hacer si se dispone de tiempo. Sin embargo, esto para algunas personas en activo es una utopía.

No soy un experto en la materia, pero parece lógico que una persona que tenga “vida después del trabajo” pueda aportar más a la empresa que una que no la tenga ¿Por qué? Porque tendrá menos estrés, se sentirá más identificada con la empresa, estará más motivado para trabajar, en definitiva, es más probable que se sienta realizada.

Conclusiones

Siendo conscientes de que no hay una jornada ideal para cualquier negocio, lo más lógico, como siempre, es aplicar el sentido común. En todos los casos, es imprescindible que haya un compromiso por ambas partes, empresa y trabajadores. La primera no puede pretender que exista la esclavitud en el siglo XXI y los empleados cobrar sin trabajar. No, no se trata de acercarse a esos extremos, sino de ajustar y posicionarse en una situación más moderada, que satisfaga a todos.

Racionalizar la jornada laboral es un asunto de cultura empresarial, de responsabilidad social y de profesionalidad. Por desgracia, son valores que no todos los empresarios y trabajadores ven de la misma manera. También es cierto que la visión que tienen de la empresa el empresario y el trabajador no es la misma, sobre todo si tenemos en cuenta que el primero es el que arriesga y a la vez genera los puestos de trabajo.

Imagen | Kadavoor

Pablo Herrero

Pablo Herrero es Ingeniero Industrial en la especialidad de Organización Industrial, relacionado con la Ingeniería de Organización de empresas. Escribe habitualmente en el blog Fuera de Límites y ha colaborado en Pymes y Autónomos.

Ahora también es colaborador de Blog Sage Experience.