Qué bien se trabaja en vacaciones (y no tanto el resto del año)

Sweet-Work

Uno de los comentarios más repetidos en boca de amigos y compañeros de trabajo durante este pasado puente fue el de “qué bien se trabaja estos días que no hay nadie en la oficina”. Y es verdad, tienen toda la razón. Lejos del bullicio habitual y típico de muchos centros de trabajo, estas jornadas entre festivos suelen ser de lo más tranquilas. Es muy recomendable descansar, pero, si hay temas pendientes, yo soy de los que aprovecho para cerrar esos asuntos que requieren una especial concentración y atención.

No suena el teléfono, es más, si llamas a alguien hay una probabilidad altísima de que no te responda un humano y sí una máquina o contestador. Los correos electrónicos llegan con cuentagotas, o ni eso, y casi ninguno con la etiqueta de urgente o con un asunto que diga “¡Esto es para ya!”. No se oye el bullicio habitual en las salas de trabajo, ni tampoco en la calle: es puente, hay un montón de festivos de por medio y casi todo el mundo está en cualquier parte menos en el trabajo ¡Qué bien se rinde así! ¿Por qué no es posible que esto sea así todos los días?

En muchos centros de trabajo, el día a día suele ser de lo más ajetreado. Teléfonos que suenan sin parar, fijos o móviles, qué más da. Emails que entran en hordas y en algunos casos el cliente de correo emite un aviso sonoro que hace que se enteren en 5 kilómetros a la redonda. Las reuniones… ¿Qué sería de una jornada de trabajo normal sin reuniones de todo tipo? Y podemos seguir pensando en factores de interrupción que minan nuestra productividad y la de todos nuestros compañeros, así hasta que nos quedemos sin fuerzas ¿Podemos convertir este ambiente en uno similar al de un día de puente? ¿Cómo?

Ya hemos comentado, y en otros muchos blogs sobre productividad lo hacen habitualmente, sobre la conveniencia de aplicar reglas de trabajo para disminuir el número de perturbaciones que nos hacen ser menos productivos. Por ejemplo, dejando determinadas ventanas de tiempo a lo largo de la jornada para atender el correo electrónico o para realizar llamadas de teléfono. Otra opción, si el puesto lo permite, es aislarse completamente del entorno con la ayuda de nuestro reproductor musical, música de calidad y unos buenos auriculares. Para algunos como yo, mano de santo. Preparas una recopilación de temas que te permitan concentrarte, cascos y a lo tuyo.

¿Más alternativas? Las hay. Por ejemplo, fijar horarios o jornadas diferentes a lo largo de la semana, de tal manera que unos días determinados nos dediquemos a ciertas tareas que requieren mayor concentración o a cerrar temas pendientes. Otro ejemplo es el de aquellos profesionales que por la mañana atienden al público y por la tarde trabajan pero “en cerrado”, es decir, echando la llave y de puertas adentro, sin atender llamadas o el correo. Que no estén los jefes por la oficina también suele ayudar, pero esta opción casi mejor la dejamos, no vaya a ser que se nos ocurra plantearlo para que suceda más a menudo y acaba alguien en el INEM por nuestra culpa, con capitalización del paro incluida.

¡Ah! Casi me olvido. Se trabaja de lo más relajado en estos días festivos salvo que lo hagas desde casa, padre y aún encima haga mal tiempo. A ver quien es el McGyver que encaja trabajo y niños sin poder salir de casa. Lo siento, pero para eso creo que la nadie ha descubierto aún ninguna solución 100% efectiva.

En Blog Sage | Interrupciones y productividad, mala combinación en el trabajo (I)
Imagen | JrBenito

Pablo Herrero

Pablo Herrero es Ingeniero Industrial en la especialidad de Organización Industrial, relacionado con la Ingeniería de Organización de empresas. Escribe habitualmente en el blog Fuera de Límites y ha colaborado en Pymes y Autónomos.

Puedes seguirlo en Twitter en @pabloherrero