Por qué es tan importante delimitar la propiedad de las aplicaciones móviles, algo que muchas empresas olvidan

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Hoy en día muchas empresas se están lanzando a desarrollar aplicaciones móviles. En algunos casos, se lanza el desarrollo “desde dentro”, es decir, contratando a personal especializado en programación para en las plataformas de smartphones (Blackberry, iOS-Apple, Android-Google); la otra opción es encargar el desarrollo a una tercera empresa, la cual se encargará de transformar en una aplicación de software los requisitos encargados.

En cualquier caso, el resultado será una aplicación de software para la plataforma móvil correspondiente, para la que habrá que establecer, vía contrato, una serie de cláusulas que determinen el marco de propiedad de la misma. Puede parecer algo obvio, pero son muchos proyectos de este tipo los que acaban en manos del equipo de desarrollo, quedando la empresa que encarga la aplicación a expensas de lo que éste determine, con todas sus consecuencias, incluidas las peores ¿Qué puede pasar si no se acota debidamente la propiedad de una aplicación móvil?

¿A quién pertenece una aplicación desarrollada para una plataforma móvil?

Un software encargado por una empresa a otra, especialista en desarrollo de software, pertenecerá a quien ambas estipulen en contrato. Es este instrumento el que permitirá delimitar las responsabilidades y obligaciones de cada una de ellas, en caso de que se produzca una disputa y no alcancen un acuerdo amistoso. En caso de tener que llegar a un juzgado, un contrato será un elemento clave para delimitar la propiedad de una aplicación, pero ojo, en la práctica, no tanto para otros agentes importantes en este esquema: las plataformas móviles.

Casi todas las plataformas móviles tienen un esquema de funcionamiento muy similar. A la hora de dar de alta una aplicación, sus procedimientos exigen que se haga a través de lo que se llama una “cuenta de desarrollador”, la cual equiparan, a todos los efectos, al propietario de la aplicación. Este es el primer problema que hay que resolver bien a la hora de desarrollar una aplicación móvil, dado que para las plataformas el propietario es quien la da de alta en sus sistemas, aún cuando no sea el propietario legítimo, es decir, el que se estipula en contrato.

Este punto, si se gestiona mal, es ideal para que el desarrollador se convierta en un cuello de botella. Una aplicación subida por un desarrollador a una tienda a través de su propia cuenta de desarrollador, en lugar de hacerlo a través de una cuenta a nombre de la empresa, lo pone como administrador y portavoz de la misma a todos los efectos para la plataforma. Cualquier esfuerzo por cambiar esto desde fuera, dadas las nulas facilidades que Google, Apple y Blackberry ponen para ello, es en vano. Si no es bajo acuerdo con el desarrollador, difícilmente se podrá cambiar la titularidad de una aplicación en la plataforma móvil, lo que le convierte en “propietario en la práctica”.

¿Qué riesgos tiene enfocar mal la propiedad de una aplicación móvil?

Entre otros riesgos, supone que la empresa asume el riesgo reputacional del desarrollador. Es decir, si éste tiene un problema con una aplicación cualquiera de su titularidad y no le gusta a Apple o a Google (por ejemplo, porque haga un mal uso de los datos de los usuarios), estas compañías podrían optar por eliminar de sus tiendas de aplicaciones todas las que estén a su nombre, sea o no el legítimo propietario.

También está el riesgo de que el desarrollador haga un mal uso de los datos personales de los usuarios, ya que puede existir un trasvase de datos de aplicaciones de la empresa a los sistemas del desarrollador, y para ello tiene que estar todo perfectamente legalizado desde el punto de vista de la LOPD, incluidas las autorizaciones pertinentes de las personas.

Otro riesgo importante es el de dirigir (o no) los cambios y desarrollos evolutivos en la aplicación. Si está a nombre de un desarrollador en la plataforma móvil, éste es quien puede actualizar las versiones y ponerlas a disposición de los usuarios. No tener el control de esto para la empresa, supone quedar a expensas de lo que el desarrollador exija, como, por ejemplo, un precio desorbitado por sus servicios.

Conclusiones

La primera pregunta que me haría, si yo fuera responsable de un proyecto de desarrollo de un aplicación móvil, es la de si tengo bien amarrada la propiedad de la misma. En caso de que ya estuviera subida a la tienda de aplicaciones de alguna plataforma, me fijaría en quien es el propietario. También en los datos que se usan en la aplicación y en los contratos de cesión de datos entre las partes (cliente-servidor-desarrollador), ya que un usuario desencantado o un desarrollador mal avenido, pueden acabar llevando a la empresa por el camino de la amargura.

No hacer nada, es decir, no delimitar la responsabilidad, obligaciones y acotar la propiedad de la aplicación, junto con los datos y los usuarios de la misma, es convertir en socio del negocio al desarrollador a cambio de nada. Una relación parasitaria en toda regla y que no suele acabar muy bien precisamente. Antes de seguir dedicando esfuerzo y entregarlo en bandeja al desarrollador, analiza la situación de tu proyecto y actúa en consecuencia. Cuanto antes, mejor.

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Pablo Herrero
Pablo Herrero es Ingeniero Industrial en la especialidad de Organización Industrial, relacionado con la Ingeniería de Organización de empresas. Escribe habitualmente en el blog Fuera de Límites y ha colaborado en Pymes y Autónomos.

Puedes seguirlo en Twitter en @pabloherrero