Nuestra marca, una estrategia para crear imagen

En un mundo donde todas las empresas buscan diferenciarse y ser reconocibles, donde todas pretenden ser únicas, ofrecer algo distinto, innovador o rompedor, cobra una vital importancia la creación de la marca. No hablo de la marca como un título o como un nombre comercial, me refiero a la marca como imagen de empresa.

La marca es lo que el consumidor reconoce, es un valor añadido, representa lo que hacemos y como lo hacemos. Si hay algo que identifica a Apple es la innovación, Rolex o Cartier lujo, Versace elegancia o Volvo seguridad, esas marcas representan una o varias características que su mercado identifica y que forman parte de la imagen de la empresa que hay detrás.

De la empresa a la marca

El proceso normal para implantar nuestra marca es, primero, fijar los valores que queremos transmitir, instaurarlos en nuestra organización y asumirlos como nuestros. A partir de ahí la empresa debe transmitirlos al exterior para que clientes, proveedores e, incluso, competidores nos identifiquen por la calidad de nuestros productos, nuestro sistema de trabajo o nuestra política de atención al cliente, de precios, de respeto al medio ambiente, etc.

Detrás de ese proceso interviene el marketing, la comunicación, la difusión. Hay que hacer todo lo posible por llegar al público, que éstos sepan quiénes somos, lo que ofrecemos, lo que queremos representar. Tenemos que conseguir que la imagen que queremos dar se identifique con ese nombre, con ese logotipo y con todo lo que hay detrás.

Una vez que se consigue eso, seremos reconocidos por ese nicho de mercado al que queremos dirigirnos, pero también por otro tipo de clientes que aspirarían a comprar lo que nosotros ofrecemos, incluso puede que nos surjan imitadores.

De la marca a la empresa

Sin embargo, hay ocasiones en que el camino se hace a la inversa, primero se crea la marca y a partir de ahí se hace la empresa. El desarrollo y el auge de las redes sociales han ayudado a un proceso que, si bien ya se había utilizado anteriormente, el marketing 2.0 está aplicando cada vez más.

Una experiencia en ese sentido ha sido la creación de Spoonch. Aprovechando el gran apogeo de las redes sociales Joan Jiménez decidió crear la marca Spoonch, sólo que detrás de la marca no había nada y retó a los usuarios de Facebook, que quisieran participar en la iniciativa, que propusieran lo que debía de ser Spoonch y lo que les gustaría que transmitiese. Según su creador, Spoonch es “la marca de todo lo que tú quieras que sea. Es la marca de NADA y de todo, es simplemente lo que necesitas”.

Detrás no había ninguna empresa, ni tan siquiera un producto, era exclusivamente un concepto no especialmente definido y un experimento que intentaba demostrar que escuchando a los potenciales clientes, se puede construir la marca y después, alrededor de ese concepto, instaurar un modelo de negocio que ese público pueda identificar y con un mercado potencial especialmente receptivo a lo que esa enseña vaya ofrecer.

Mantener y cuidar la marca

Si la marca es nuestra imagen debemos de poner especial cuidado en que ésta sea siempre fiel a lo que representa. La dificultad en conseguir el reconocimiento de los valores que queremos transmitir, se incrementa considerablemente si nos desviamos de esas pautas de comportamiento con los que la gente nos ha identificado.

Errores de comunicación, una mala política comercial o, simplemente, la publicidad negativa, pueden mandar al traste esa imagen de empresa o, directamente, dar un contenido negativo a nuestra enseña. En estos últimos días estamos viendo que ciertas marcas se han visto involucradas en algunos problemas derivados de ciertas promociones que han tenido lugar durante el Mundial de fútbol y que, lejos de resultar beneficiosas para ellas, pueden acabar siendo muy perjudiciales.

Si la marca es lo que nos representa, debemos mantenerla, ser fieles a eso que transmite, a lo que difunde. Es nuestro sello, nuestro ADN, para bien o para mal, por eso debemos esforzarnos en crearla, difundirla y cuidarla es nuestra seña de identidad. Si no lo hacemos bien, corremos el riesgo de que nos identifiquen con la marca ACME, aquella que surtía de artilugios, que nunca funcionaban, al Coyote que no lograba cazar al Correcaminos.

Imagen | gaelx

Mister Empresa es Master en Asesoría Fiscal y Contabilidad. Consultor empresarial y formador de emprendedores, pertenece a la red de mentores de empresas de la Xunta de Galicia y escribe en Pymes y Autónomos y en Yo llego a fin de mes.

Colaborador, de Blog Sage Experience.