Michael Bublé es un ejemplo de gestión excelente

La industria de la música ha cambiado desde hace unos años, en la actualidad se exigen grandes esfuerzos y recursos para mantener al artista en el punto de mira de los espectadores y para eso hay que saber gestionar las descargas, el streaming de las canciones, el merchandising, las ventas en iTunes y sobre todo la asistencia a los conciertos en los que es fundamental explotar una economía basada en atención y en la participación del espectador. La diferenciación entre los artistas surge por la forma en la que se administran sus recursos de forma eficaz y teniendo al público atento y alerta para que no le den gato por liebre.

Ya no es posible despachar al público manteniendo la posición detrás de un micrófono y desgranando las canciones del último disco con algún recordatorio de alguna canción especial. No, ahora lo que tienes que hacer es gestionar las expectativas de unos espectadores que te conocen muy bien porque se han informado a través de YouTube, de las fotos de Flickr, de lo que se comenta en su página web oficial, de las claves de la gira que se mencionan en la página del club de fans, el oficial y el otro, y sobre todo que acceden a sus canciones a través, no de estanterías, sino de las páginas en Internet: torrents, megaupload, rapidshare y demás sitios en los que los unos y los ceros te hacen ser y existir o todo lo contrario. Nunca un artista ha tenido tantos medios para llegar al público, otra cosa es que pueda ganar dinero con ello, por eso el concierto es fundamental, es la mejor forma de acercarse al público, de compartir la experiencia, de dialogar de hacerle vibrar, de mantener las expectativas y de asegurarse el retorno.

Los artistas están cambiando su forma de promocionar, de vender su producto, de gestionar al público y para eso tienen que salir de sus espacios acolchados e hiperprotegidos y mostrarse tal y como son. Al público le encanta y le resulta de lo más atractivo que el músico muestre su talento sin fisuras. Para eso es fundamental tener algo que ofrecer y en este caso Bublé es un privilegiado con una voz fantástica y apabullante que llena cada momento del concierto con fuerza y generosidad.

Las claves de un concierto excelente

Michael Bublé gestiona de forma excelente sus recursos de voz, de comediante, de artista comprometido pero no deja nada al azar y su industria va de cómo mantener perfectamente combinados todos los elementos para presentarlos en un momento concreto, durante un tiempo corto pero intenso, de forma generosa y muy racional. Estas son las claves de su actuación en concierto y en directo.

  • Empezar la actuación con fuerza y poderío: la versión de Cry me a river llena de metales y de una puesta en escena imaginativa con juegos de luces, sombras y presentación visual anticipa que estamos ante un concierto lleno de fuerza y vitalidad para satisfacción de los espectadores
  • Marcar las reglas del concierto. Michael invitó al público asistente a cantar, a bailar, a disfrutar, a romper con la monotonía, a vibrar con sus canciones y sobre todo a animar a los espectadores a que mostrasen sus sentimientos sin restricciones
  • Fomentar la internacionalización y diversidad entre sus músicos. La diversidad cultural, el enriquecimiento de experiencias, el talento y riqueza de cada músico luce en cada pieza y así lo demuestra el artista agradeciéndoles cada esfuerzo durante la presentación de ellos a los espectadores
  • Mantener al público atento y expectante ofreciendo guiños cómplices a otros artistas. Se lanzó con una versión corta del Billy Jean de Michael Jackson, del Twist&Shout de The Beatles y un breve recuerdo al I gotta feeling de The Black Eye Peas
  • Presentar un escenario inmaculado y perfectamente preparado para la producción. La disposición de los músicos dejándoles todo el protagonismo necesario para su lucimiento. Las pantallas, que son fundamentales para facilitar a los que se sientan lejos la mejor oportunidad para apreciar los detalles y la pista encerada que mantenía al artista ágil en sus giros y desplazamientos por el escenario
  • Gestionar la puesta en escena: el vestuario, ajustado a medida, de marca y perfectamente representado, el lenguaje cercano y asequible, el tono amable y cálido, el idioma, lo intentó con el español en numerosas ocasiones pero no pudo mantenerlo volviendo al inglés para sentirse cómodo, los bailes sencillos pero efectistas y la complicidad con los músicos aseguran una representación muy atractiva que mantiene la atención del espectador durante todo el espectáculo
  • Romper las barreras del escenario y ampliar el espacio para compartir con el público utilizando un segundo refugio desde el que vibrar con ellos. En ese lugar pudo aprovechar durante dos o tres canciones, el impulso de otros músicos allí desplazados y sobre todo el grupo telonero, siete cantantes llamados Naturally 7 que aprovechan todo el potencial de su voz para cantar y reproducir el sonido de todos los instrumentos
  • Gestionar sus recursos de forma magistral. La voz de Bublé es muy rica en los matices del crooner y la domina de forma magníca de la misma forma que lo hicieron en su día otros artistas como Frank Sinatra, Dean Martin o Sammy Davis Jr. a los que de paso recordó. Su voz es voluble y se adapta como un guante al jazz, al soul o al swing sin perder la compostura, la elegancia y el aire comercial perfectamente medido
  • Mantener la atención del público al final del concierto dejando canciones clave para mantener el compromiso y clímax final con el público
  • Terminar la actuación como la empezó, dejando unas altísimas expectativas cuando el artista decidió que el recinto del Palacio de los Deportes de Madrid tenía el tamaño suficiente para cerrar el concierto cantando sin micrófono y llenando el recinto de un silencio emocionante mientras él lo llenaba a pleno pulmón y garganta
  • Asegurar el retorno con una doble promesa lanzada y grabada. Volver pronto a España y no subir el precio de las entradas para premiar el esfuerzo de los asistentes

Conclusiones

The Beatles cerraban sus conciertos con Twist and Shout y con John Lennon desgañitándose y rompiéndose la voz definitivamente mostrando su gran compromiso con el público. El mismo efecto consigue Bublé cantando durante un breve pero intenso minuto sin micrófono indicando a los asistentes que ofrece el mejor producto como cierre a una actuación generosa y milimétricamente calculada.

La clave es saber diferenciar y enriquecer el producto de una forma lo suficientemente atractiva para reclamar la atención del público y conseguir mantenerla hasta la próxima ocasión. La replicación de la experiencia de escuchar un disco en casa no es suficiente y hay que manejar a la audiencia, a los clientes, ofreciéndoles algo más, que les llene y que les asegure volver utilizando todos los recursos que ofrece Internet para conseguir el efecto multiplicador.

El directo es el mejor recurso de que disponen los artistas en estos tiempos de digitalización de los contenidos y de puesta en común en Internet para darse a conocer. Ya ni siquiera los medios tradicionales ponen su extraordinaria y engrasada maquinaria al servicio de los artistas para plantearse incrementar las audiencias, en vez de eso han elegido presentar otro tipo de contenido difícil de calificar pero que genera rendimientos.

Michael Bublé ofreció un concierto ejemplar y espectacular pero todavía puede asumir nuevos y ambiciosos retos, atreverse con el clásico My Way arropado con toda la orquesta para emoción y pasión de sus incondicionales. Ese puede ser el próximo ejercicio a realizar para convertirse y erigirse en un auténtico artista del siglo XXI realmente grande y poderoso, tiene cualidades de sobra para serlo.

Imagen | Michael Bublé

Marcos es Ingeniero de Telecomunicación por la UPM y trabaja en Banca Comercial desde hace 15 años.

Ahora también es colaborador de Blog Sage Experience.