La llegada de un inversor privado a la empresa

La enorme dificultad para acceder al crédito y la necesidad de capital tanto para iniciar un negocio como para mantenr uno que ya existe, hacen que cada vez en más ocasiones se recurra a la inversión privada para conseguir ese capital.

Tampoco es sencillo conseguir esa inversión, no existe mucha tradición en nuestro país en este sentido y además las fiscalidad de estetipo de operaciones no es excesivamente beneficiosa. Aun así, a la hora de plantearnos o de que se produzca la llegada de un inversor a nuestra empresa, debemos tener en cuenta las diferentes opciones para formalizarla.

Los préstamos participativos

Si bien los préstamos participativos son acuerdos privados entre empresa e inversor, la legislación actual determina una serie de características para este tipo de operaciones:

  • El inversor podrá recibir un interés fijo por su aportación, pero además obtendrá un interés variable que se fijará en función de la evolución de la actividad de la empresa. Este criterio podrá ser el beneficio neto; el volumen de negocio; el patrimonio total o cualquier otro que libremente acuerden las partes.
  • Los intereses devengados, tanto fijos como variables de un préstamo participativo, serán deducibles de la base imponible del Impuesto sobre Sociedades de la empresa.
  • Empresa e inversor podrán fijar una cláusula de penalización en caso de amortización anticipada. La empresa sólo podrá amortizar anticipadamente el préstamo participativo si esa amortización se compensa con una ampliación de capital de igual cuantía de sus fondos propios y siempre que ésta no provenga de la actualización de activos.
  • Los préstamos participativos se considerarán patrimonio contable a los efectos de reducción de capital y liquidación de sociedades previstas en la legislación mercantil.
  • Los préstamos participativos en orden a la prelación de créditos, se situarán después de los acreedores comunes.

En cuanto a las condiciones particulares del préstamo, es muy habitual que el préstamo no requiera ningún tipo de garantía de cobro, sin embargo el inversor puede reservarse el derecho a transformar su aportación en una participación en el capital social de la empresa.

El inversor solicitará regularmente información sobre la evolución del negocio. La empresa le dará informes de gestión, balances o auditorías periódicas, de esta manera el inversor podrá tener datos para comprobar la marca de su inversión y los intereses que le corresponderán por la parte variable.

El inversor no suele tomar partido en las decisiones operativas de la empresa, pero en ocasiones se puede reservar un lugar en el Consejo de Administración, con voz e incluso voto, para tomar parte en las decisiones estratégicas. Además las condiciones del préstamo puede dictar determinadas condiciones relativas a la remuneración de los accionistas mediante dividendos o la retribución de los socios, entre otras.

El inversor como socio

La otra opción a la que podemos acudir es incorporar al inversor como socio de la empresa. Para ello daremos al inversor un porcentaje de participación en el capital social mediante la venta de participaciones de los socios pre-existentes o a través de una ampliación de capital. El porcentaje de participación se negociará entre las partes, en función de la aportación realizada, de las atribuciones que el nuevo socio vaya a tener, del grado de control que se le quiera otorgar, etc.

Si el capital social de la empresa es pequeño y la aportación del inversor es grande podemos encontrarnos con el inconveniente de ceder al inversor un porcentaje excesivamente grande de la empresa y perder el control del negocio. Para ello lo que se suele hacer es dar una participación menor, dentro de los intereses de los socios, y fijar a esa participación una prima de emisión.

La prima de emisión es el sobreprecio que paga el nuevo socio sobre el valor nominal con el que se emiten acciones para compensar el mayor valor que tienen las acciones existentes en el mercado, es decir es la diferencia entre el valor nominal y de mercado de esa participación.

¿Cuál es la mejor opción?

Elegir entre una opción u otra va a depender de muchos factores. Primero, y el más lógico, de las condiciones de la negociación entre el inversor y la empresa. Al final tanto el sistema como el capital y las condiciones se fijan en el acuerdo entre las partes. Más allá de los intereses de cada uno, el objetivo es llegar a un acuerdo que sea beneficioso para todos.

La fórmula del préstamo participativo suele ser un sistema que se usa cuando el inversor no aporta más que dinero y no tiene interés en participar ni en la gestión ni en el desarrollo o las decisiones del negocio. La incorporación del inversor a la empresa suele darse cuando éste puede aportar experiencia, conocimientos o contactos que ayuden a la empresa a mejorar.

Por último desde el punto de vista económico la primera opción en una financiación, lo que implica una devolución del capital y los intereses pactados. Eso que la empresa habrá de hacer los pagos acordados mensualmente, trimestralmente o como se haya pactado, esa es la manera en la que el inversor recupera y rentabiliza su apuesta. En el caso de que el inversor se incorpore como socio no se produce esa devolución, el inversor rentabilizará su dinero con el reparto de dividendos o en una posible venta de suparticipación que le genere plusvalías.

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Imagen | sancho_panza

Mister Empresa es Master en Asesoría Fiscal y Contabilidad. Consultor empresarial y formador de emprendedores, pertenece a la red de mentores de empresas de la Xunta de Galicia y escribe en Pymes y Autónomos y en Actibva .
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