Fusiones entre pymes, solución realista ante la crisis

Hay momentos en la vida de una empresa en que por el empuje de la competencia, por la disminución de la facturación o sencillamente porque adaptarse a la realidad exige una inversión material que no puede permitirse, se llega a un punto en que se toca techo y avanzar supone un enorme esfuerzo o resulta casi imposible.

Es entonces cuando los gestores deben replantearse la situación y buscar alternativas que permitan a la empresa seguir adelante, bien invitando a nuevos inversores o planteando algún tipo de fusión con compañías afines, lo que permitiría ganar competitividad aunando objetivos, estrategias y mercado. Cualquier cosa para sobrevivir antes que cesar la actividad, opción que ningún empresario desea.

En nuestro país no es habitual la concentración entre pequeñas y medianas empresas, aunque sí ocurre entre las grandes. Tradicionalmente, la pyme española ha permanecido anclada en su ecosistema sin plantearse que en muchos casos un cambio cultural hacia la integración dentro de su sector permite reducir costes, aumentar la eficacia de los recursos, defenderse de la competencia y, lo más importante, crecer.

Las circunstancias actuales de crisis con contracción de la demanda y reducción del acceso al crédito ahogan aún más la endeble estructura de muchas de ellas, por lo que no está de más elaborar un plan de continuidad que permita mantenerse a flote, plan que hay que prever antes de que sea demasiado tarde, otro de los males frecuentes.

Pero no siempre son los motivos económicos los que provocan estas situaciones. Una jubilación del propietario y la ausencia de sucesores, el fallecimiento de algún socio o la falta de motivación pueden conducir a buscar la compañía de otros para encontrar una salida.

Cómo abordar un proceso de fusión

Una vez tomada la decisión de que la continuidad de la empresa depende de unir sus fuerzas con otra/as, primeramente hay que buscar candidatos que compartan una cultura similar, ya que de lo contrario la convivencia fracasará. Y no sólo desde la perspectiva de la gerencia, sino también desde la visión de los empleados.

En un proceso de estas características no hay que olvidar que siempre se ven personas afectadas, a las que se debe informar con total transparencia. Si hay excesiva dominación e imposiciones no razonables de una parte hacia otra, se puede producir una reacción defensiva poco recomendable.

La alianza debe plantearse mediante un plan meticuloso que deje pocas cosas a la improvisación. Los socios de la compañía resultante deben repartirse su cuota de poder de forma clara, y definir sus nuevas funciones. Y han de asumir que se producirá un cambio cultural que hay que gestionar con prudencia para que no se origine una ruptura brusca.

Un plan comercial estratégico y realista es ineludible para saber por dónde se va a mover la nueva empresa. De nada servirá la unión si no es para dar un nuevo impulso productivo con la ayuda de una mejor estructura financiera, unos procesos más sencillos y un refuerzo del canal de ventas.

Hay que definir también si las distintas marcas van a sobrevivir o se creará una nueva. Esta decisión va a ser decisiva ya que los clientes actuales conocen e identifican lo que compran, pero les surgirán las dudas si el envoltorio se les entrega con otro nombre, aunque el producto o servicio siga siendo el mismo. Lo lógico es que si el proceso de fusión suele durar entre seis y dieciocho meses, las marcas y lo que se vende lleven el mismo camino.

Evitar el fracaso con la ayuda de expertos

Las fusiones entre empresas siempre suponen una ventaja competitiva, y aunque en contadas ocasiones se provocan para apartar competidores, lo habitual es que surjan por la necesidad de mejorar en su nicho de mercado.

No obstante, no todos los agentes implicados tienen por qué estar de acuerdo. El nuevo marco cultural que se avecina puede sufrir la intolerancia de alguna parte, básicamente por la pérdida de los valores y la identidad anteriores, y el esfuerzo no se asuma por igual. Si aparece esta situación, la transparencia y la información interna son la mejor arma.

La unión debe hacerse de forma profesional y objetiva contando con la ayuda de expertos independientes, quienes harán las valoraciones adecuadas y dirán si es factible o no. También las administraciones públicas ofrecen asesoramiento si se quiere acudir a ellas, así como las Cámaras de Comercio, cuya experiencia puede ser muy útil en estos procesos.

Imagen | Eduardo Frei

JotaC es licenciado en Ciencias de la Información y desarrolla su actividad profesional en la banca, en el área comercial.