En el trato con los clientes hay que cuidar la indumentaria, el aseo y el lenguaje

Apagándose todavía las últimas luces de las numerosas fiestas que se organizaron anoche, el aspecto físico de más de uno no será el mismo que con el que empezó y el vestuario elegido para la ocasión habrán sufrido también los daños colaterales de rigor. Pero un día es un día.

Acudir adecuadamente vestido a una celebración o a cualquier acto social, incluidas las reuniones de trabajo y las relacionadas con clientes y proveedores, requiere tener presente ciertas normas lógicas que hay que seguir. Es lo que debió pensar el banco suizo UBS al redactar un manual sobre cómo deben vestir sus empleados para atender adecuadamente a sus clientes. No es por cierto uno de los puntos a corregir por el banco, que tiene otros problemas más acuciantes, pero quizá por eso desviando la atención hacia asuntos banales suaviza la tensión y genera conversación sobre algo que no tiene que ver con su cuenta de resultados.

Ahora bien, ¿cuál es la vestimenta correcta que deben observar aquellos representantes de las empresas que tienen relación con clientes y proveedores?

Ante el cliente hay que vestir como él quiere verte

Sin alejarnos de la banca, no tienen la misma clientela el mencionado banco suizo que una caja rural española. Son públicos distintos y, por tanto, necesitan un trato diferenciado, acorde con la personalidad de cada uno. Si para el primero sus empleados necesitan llevar trajes neutros, gris oscuro o azul marengo, calcetines hasta la rodilla, cuidar el cabello y la higiene bucal, y no oler a ajo ni a tabaco como reza el manual, en la caja se les puede atender sin corbata, con atuendo informal y sin tantos formalismos porque se trata de ponerse a su altura.

En su trato con el banco, un cliente quiere ver que le atiende alguien como él, ni más relamido ni hecho un desastre. Si el trato es de igual a igual, estará predispuesto a sentir más confianza en su interlocutor y en su organización.

Respecto a las pymes y los autónomos la explicación sobre la indumentaria respecto a sus públicos es prácticamente la misma. Lo importante es tener respeto al interlocutor y no perder los papeles. No es de recibo presentarse con un traje inmaculado a solventar una reparación casera de fontanería, ni atender detrás de un mostrador de malos modos, con el negocio desordenado y con un aspecto físico poco recomendable.

La casuística es mucha y ejemplos los hay por docenas, por lo que hay que mantener el equilibrio entre la actividad que se realiza y los clientes a los que se da servicio.

El lenguaje y el aseo, aspectos también a cuidar

Aun siendo importante la vestimenta, es sólo una parte de ese código de buenas prácticas que hay que ejercer cuando se realiza una labor profesional ante el público. El aseo personal es igual o más importante, pero no sólo por respeto al otro sino porque actúa a favor del negocio.

Otro tanto se puede decir del lenguaje que se utiliza con los clientes, que no tienen por qué llegar a un nivel de conocimiento tan profundo como el que está obligado a tener el vendedor. Cada comprador necesita un nivel de información acorde con su comprensión y sus necesidades, y hacer ostentación de saber más que nadie puede ser contraproducente para la venta.

Hay que hacerse entender para que nos entiendan, sin emplear tecnicismos salvo que el interlocutor entienda la jerga, y con la transparencia adecuada. Si se quiere que el cliente vuelva a comprar una próxima vez debe llevarse una experiencia satisfactoria.

Conclusiones

Las pymes y los autónomos mantienen ciertas fortalezas ante empresas de mayor tamaño como la cercanía, la atención y el trato personalizado, la experiencia, conocen lo que venden y se esfuerzan más por satisfacer a la clientela, pero no hay que descuidar otros aspectos como los descritos, que parecen intrascendentes pero pueden ser decisivos para una venta.

En Blog SAGE Experience | Cómo vestir en el trabajo: aunque la mona se vista de seda…
Imagen | juggernautco

JotaC es licenciado en Ciencias de la Información y desarrolla su actividad profesional en banca, en el área comercial.