Cuatro políticas de conciliación que podrías aplicar en tu empresa

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Las políticas de conciliación familiar forman parte de lo que se conoce como remuneración emocional, aumentando la satisfacción en el puesto, reduciendo las tasas de absentismo, aumentando la productividad y la motivación, disminuyendo los costes de rotación y fomentando la fidelización del talento de la organización.

Para lograrlo debemos ser conscientes de que algunas medidas pueden tener algún impacto económico (aunque en general no repercutirá en las cuentas) y que hay que realizar un buen seguimiento de las medidas implantadas para evitar los abusos.

Bolsa horaria

Esta medida no se puede aplicar en todos los casos, aunque se puede adaptar con mayor o menor éxito en muchos tipos de puestos, según la flexibilidad que queramos o podamos ofrecer.

Consiste en acabar con el concepto rígido de los horarios de trabajo, para permitir que los empleados regulen sus jornadas según los límites marcados por la organización. Para ello, se puede plantear como una bolsa de horas a distribuir durante el día, la semana, el mes o el año, según el nivel de flexibilidad que se desee aprobar.

Así, en el caso menos flexible, los trabajadores podrían adaptar los horarios de las comidas, de las entradas y de las salidas, dentro de la jornada de trabajo, pero siempre cumpliendo con las horas marcadas. La distribución de horas a lo largo del día es fácil de implantar y no supone grandes cambios organizativos, aunque permite un poco más de libertad a los trabajadores.

Si la bolsa de horas se marcara de forma semanal (siempre dentro de márgenes legales), aumentaría la flexibilidad y la posibilidad de recuperar horas en los diferentes días de apertura, etc… como contrapartida podemos solicitar que el empleado permanezca localizable durante la jornada de trabajo y que mantenga un buen nivel de productividad.

De hecho es bueno marcar condiciones para que no se entienda como un derecho adquirido. Por otro lado, si se opta por una bolsa de horas semanal, se puede solicitar que los empleados comuniquen cómo van a distribuir las jornadas (según sus necesidades personales y familiares, aunque sin tener por qué justificarlo) para que los responsables de personal puedan revisarlos y comprobar si existen situaciones productivas u organizativas por las que que no se puedan aprobar.

Adaptación de los horarios a las vacaciones escolares

Cuando no sea posible permitir que los empleados distribuyan su jornada laboral dentro de los límites impuestos por la empresa, esta puede considerar fechas y acontecimientos especiales para adaptar los horarios laborales.

De esta manera, durante la semana santa, el verano o la navidad, se puede implantar la jornada intensiva, permitiendo que los padres y madres puedan aumentar el tiempo que pasan con sus hijos, siempre que los factores productivos lo permitan. Eso sí, la medida se debería aplicar para todos los empleados por igual, tengan hijos o no.

¡Feliz cumpleaños!

La empresa puede conceder un permiso para que los empleados celebren su cumpleaños o el de sus hijos, o en su defecto, un número determinado de horas por las tardes.

Dependerá de la empresa si quiere entregar este permiso de forma remunerada o si se instará a los empleados que lo disfruten a recuperar las horas. En ambos casos estamos ante medidas positivas de conciliación familiar.

Esto se puede extender a otros acontecimientos relacionados con la familia, como en los casos de familias con grados de dependencia, aunque especialmente con los hijos, como con permisos para acudir a reuniones con sus profesores, para acompañarlos al médico o al primer día de colegio, etc… Para que todo esto funcione sin abusos es bueno controlar el uso de las medidas e imponer limitaciones.

En definitiva, podemos plantear cierta flexibilidad para que los empleados puedan cumplir con sus obligaciones familiares, permitiendo por otro lado que hagan uso, dentro de unos límites, de tiempo de trabajo para realizar gestiones personales, como llamadas telefónicas o trámites online. Se debe explicar bien la medida y comprobar su buen uso o lograremos lo contrario a lo que pretendemos, teniendo que poner fin a la política.

Semanas más cortas

Si en lugar de trabajar ocho horas durante cinco días los empleados pueden trabajar diez durante cuatro, atendiendo siempre a los convenios y a la legislación aplicable. Con ello se obtendría un día libre a la semana además de los propios del fin de semana.

Estos días se repartirían durante la semana por los responsables según las necesidades productivas, pudiendo permitir que los empleados participen en la decisión.

Otra forma consiste en hacer una distribución de horarios que nos permita hacer que los viernes solo se trabaje media jornada. Además, podemos potenciar la medida permitiendo que los empleados acudan al trabajo con ropa menos formal (planteando límites para ello, por supuesto), aunque exigiendo el mismo compromiso con los objetivos de rendimiento.

Estas medidas no se pueden aplicar en todas las empresas por igual, por lo que nunca deberemos perder de vista los principios de organización y producción, ya que es lo que permite que la empresa sobreviva permitiendo unas buenas políticas de conciliación familiar.

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Imagen | Evil Erin

Grudiz es máster en gestión de RRHH, ADE, Bachelor in Business Administration (EEUU), formador de empresas y gestor estratégico. Colaborador de la Escuela de Negocios MBA y Responsable de Marketing Online en Netfactory. Escribe en Pymes y Autónomos y en Actibva.

Puedes seguirlo en Twitter en @Grudiz_