“Buen padre, mejor jefe”, Natalia Gómez rompe el mito del ejecutivo agresivo

Natalia Gómez del Pozuelo es Licenciada en Ciencias Empresariales Europeas y tiene un postgrado en Marketing por la Universidad de Berkeley. Ha trabajado más de 15 años en puestos de Alta Dirección en empresas multinacionales.

En la actualidad es profesora en ICADE, en la Universidad Antonio de Nebrija, donde imparte cursos de Comunicación y de Dirección de Proyectos In-Company y hace consultorías de Marketing y Nuevas Tecnologías. Ha participado como ponente en numerosos congresos, programas de radio y televisión.

Su última obra literaria se llama, “Buen padre, mejor jefe” propone utilizar consejos y prácticas que se trabajan a diario en el entorno familiar para aplicarlos también en la vida profesional. De forma simultánea, se busca identificar las habilidades profesionales y directivas para mejorar la relación familiar. El objetivo del libro es identificar, trabajar y construir las herramientas más útiles para alcanzar la excelencia como jefes y como padres.

En esta entrevista para Blog SAGE Experience la profesora y consultora de Marketing y Nuevas Tecnologías nos explica cómo extraer las mejores prácticas de dos mundos tan importantes como la familia y el trabajo.

¿Cómo se origina “Buen padre, mejor jefe”?

Se me ocurrió hace dos veranos en Zahara de los Atunes. Me había sentado en un bar que se llama la Ballena Verde a mirar el atardecer y a escuchar un concierto de Jazz. Mis cuatro hijos estaban en África con sus primos y yo me puse a escribir anécdotas suyas (lo hago de vez en cuando para luego poder contárselas cuando sean mayores). Escribí en mi cuaderno: “Estoy sentada frente al mar de Zahara, y vosotros en África viendo leones, pero sigo con vosotros y, probablemente, de forma más intensa que cuando estáis aquí, porque ahora no tengo que regañar, ordenar cosas, animar… y ese vacío de mi obligación de madre hace que surja la persona que analiza y piensa en vosotros como personas individuales con características propias, y lo primero que me viene a la mente es que debería educaros a cada uno de una forma diferente, pero que parezca igual.” Seguí profundizando en esa idea, y pensé que en realidad sucedía lo mismo con mis colaboradores, y escribí en mi libreta: “Esto sería un buen libro.”

Me acordé además de un comentario que me hacía siempre un amigo sobre cómo debemos intentar que cualquier cosa que hagamos nos sirva para varios temas diferentes y pensé que podía combinar las facetas más importantes de mi vida (familia, trabajo y vocación) en un libro que hablara de mi experiencia y de la de muchos amigos y compañeros, para que sumando vivencias y consejos, ayudáramos a otros padres y madres, que también son o serán jefes, a llevar mejor su vida. En aquel momento estaba escribiendo una novela, por lo que no empecé hasta un año después. Cuando retomé el tema, hice numerosas entrevistas, me leí decenas de manuales sobre gestión y educación y consulté con varios especialistas hasta que el libro fue tomando forma y el resultado es “Buen padre, mejor jefe”.

¿Qué abundan más en la empresa española, mejores padres o mejores jefes?

Sería bueno que en la empresa abundaran personas capaces de hacer autocrítica

No sé si abundan más unos u otros, hay jefes que no son padres y padres que no son jefes, lo que si sé es que sería bueno que abundaran personas capaces de hacer autocrítica, ya que el peor enemigo de un buen padre o un buen jefe es la soberbia, el creer que lo hacemos todo bien, que no tenemos nada que aprender. Lo que trato de plasmar en el libro, es que ambas labores tienen mucho en común y que puede resultarnos más fácil reflexionar sobre la paternidad y detectar puntos de mejora que nos ayuden también a ser buenos jefes.

En nuestra labor de padres solemos ser más modestos, o tal vez más inseguros, ya que la trascendencia de la misma, hace que uno se cuestione constantemente. Además, por los hijos se es capaz de renunciar a muchas cosas, entre otras al ego. Al ser una labor más vinculada a los sentimientos, si uno “siente” la necesidad de cambiar algo que hemos aprendido, luego resultará más sencillo aplicar lo aprendido a otros aspectos de la vida. ¿Y no sería bueno, en el trabajo, ser más modestos, rebajar nuestro ego y utilizar más los sentimientos?

Por eso, el enfoque del libro va, en gran medida, desde las actitudes que tenemos a nivel familiar hacia las que podemos tener a nivel laboral. Si bien este es un camino de ida y vuelta porque, al fin y al cabo, las personas somos “una”, aunque a veces manejemos nuestras actividades como compartimentos estancos. ¿Por qué actuar de forma diferente cuando la vida nos permite mejorar en ambos aspectos de forma simultánea? ¿Por qué no aprender y mejorar continuamente y ¡disfrutar de ese aprendizaje!?

¿Existen diferencias entre los padres y las madres cuando pasan de ser familiares a ejercer de jefes? ¿Existe algún comportamiento especial según el sexo?

Yo creo que aunque tenemos formas diferentes de gestionar las cosas (tanto en casa como en la oficina) y aunque según varios estudios las madres suelen registrar niveles más elevados de sobrecarga y estrés relacionados con la falta de tiempo, en realidad el que alguien sea buen padre-buen jefe o buena madre-buena jefa depende fundamentalmente de la capacidad que tenga la persona (hombre o mujer) de cuestionarse, de evitar la soberbia y de tener ganas de mejorar. Si existe ese punto de partida, la persona estará receptiva a las diferentes posibilidades de mejora, a las teorías sobre gestión y liderazgo, a la opinión de sus hijos y colaboradores… y por tanto progresará y obtendrá mejores resultados.

¿Existen diferencias entre ser un padre/madre en la empresa pública y ser un padre/madre en la empresa privada?

No deberían existir diferencias entre un caso y otro.

¿Se puede ser amigo de los hijos? ¿Y de los subordinados?

Yo tengo grandes amigos que han sido mis colaboradores; pasamos muchas horas con las personas del trabajo y es lógico que hagamos amigos. En el caso de los hijos es difícil hablar de amistad puesto que siempre seremos padre e hijo, lo que sí me parece importante es tener un alto grado de confianza y una comunicación fluida.

¿Cómo se motiva a un hijo? ¿Cómo se motiva a un profesional?

A través del reconocimiento de las particularidades de cada uno, tendremos un equipo más motivado y, por tanto, un mayor rendimiento

Cada persona y, por tanto, cada niño y cada colaborador, es distinta y es única. Si nos dejamos llevar por la idea políticamente correcta de tratarles a todos por igual, les estaremos perjudicando a ellos y a nosotros mismos. Muchos padres tienen la convicción de que tratan a todos sus hijos por igual y de que eso es lo adecuado, pero en realidad no lo están haciendo así, aunque no sean conscientes de ello. Ser padre o jefe puede que tenga precisamente esa condición o esa responsabilidad, la de tratar a cada persona como necesita para que pueda crecer y evolucionar, aunque eso exija flexibilidad, pericia, observación y mucho tiempo.

Motivamos a cada uno de nuestros hijos de forma específica: a unos, compartiendo tareas con ellos, a otros, dándoles más responsabilidad, dejándoles cocinar, con una charla exclusiva, etc. Porque cada uno reacciona de forma distinta a los estímulos que pueden ofrecer los padres. Y esto mismo lo deberíamos aplicar en el entorno laboral. Las motivaciones de cada persona del equipo son muy diferentes. Para unos lo más importante es formarse, tener cada vez más responsabilidad y un equipo sólido. Para otros, la clave es disponer de las herramientas necesarias para llevar a cabo su trabajo de la mejor manera posible y sentirse seguros. Otros necesitan un plan de carrera claro y un proyecto de crecimiento en la empresa.

Aunque el estar bien pagados tiene para todos un cierto peso, en ningún caso es lo más importante, y a través del reconocimiento de las particularidades de cada uno, tendremos un equipo más motivado y, por tanto, un mayor rendimiento. La clave sería tratar a cada uno según sus necesidades, pero que ellos sientan que les tratas a todos igual, que tienen los mismos derechos y oportunidades.

¿Es posible conciliar la vida profesional y la personal?

El estrés y el cansancio son frecuentes cuando uno trata de armonizar la vida personal y la profesional. La principal causa del estrés es que tenemos multitud de tareas, queremos llegar a todas y, además, pasar un tiempo de calidad con los hijos. Cuando estamos estresados tenemos la sensación de no controlar nuestra vida y eso mina la calidad del día a día y la calidad de nuestra relación con los demás. Por ello deberíamos intentar disfrutar de ese goteo constante de momentos que compartimos con los hijos y hacer las cosas con tranquilidad, porque nuestra actitud frente a las tareas y nuestra relación con el tiempo influyen en nuestra manera de vivir y de trabajar, y también afectan a los que nos rodean. Si nosotros nos sentimos estresados, ellos también.

Es necesario tomarse el tiempo de otra manera, no como una carrera de obstáculos. Para ello, deberíamos hacer una evaluación objetiva de cómo lo usamos y replantearnos las prioridades. Y es que hay algunas pautas de comportamiento que son fáciles de aplicar y que pueden modificar nuestra percepción del tiempo y reducir el estrés en gran medida: fijar prioridades, utilizar las nuevas tecnologías a nuestro favor, saber delegar, y otra serie de pautas sencillas de las que se habla en el libro.

En general, nos falta análisis crítico de nuestro día a día; estamos metidos en una vorágine de la que nos resulta difícil salir y sería muy provechoso tomarse el tiempo para reflexionar sobre ello y cambiarlo en la medida de lo posible. Lo importante es conseguir una organización del tiempo equilibrada, con actividades variadas que no nos dejen agotados, que desarrollen nuestra parte física, mental y afectiva. Deberíamos tomar cuanto antes las medidas que necesitemos para que nuestros días nos proporcionen placer y satisfacción ahora y no cuando sea demasiado tarde.

¿Cómo está impactando la tecnología en la educación de los niños y en la de los trabajadores?

Los padres y los directivos deben adaptarse a los cambios y mantener siempre la curiosidad para que su cabeza se mantenga fresca y creativa

Vivimos en una sociedad en la que las cosas cambian cada vez más rápido. La tecnología no consiste solo en los nuevos cachivaches que utilizamos, sino que cambia profundamente las prácticas sociales y las formas de conocimiento; transforma la manera de relacionarnos con nuestros hijos y también la forma de trabajar. Empecemos por ésta última. Las nuevas tecnologías han revolucionado el trabajo y la comunicación. Ahora podemos compartir archivos, acceder a bases de datos de clientes desde cualquier parte, conocer las novedades de la empresa, poner al alcance de todos la información de forma inmediata, trabajar en equipo desde puntos distintos del planeta, etc. Lo mismo sucede en casa. Un niño puede estar en la habitación de al lado chateando con un amigo que está a miles de kilómetros y aunque parezca que está con nosotros, está lejísimos.

El concepto de «estar físicamente» ya no es el parámetro más importante a tener en cuenta y deja paso a una nueva forma de hacer las cosas basada en la flexibilidad, la responsabilidad y la confianza tanto en casa como en el trabajo. Esta nueva forma de relacionarnos es, por un lado, más fácil, ya que aunque nuestros horarios sean complicados, podemos, sin necesidad de presencia física, estar en contacto y mantener una relación personal o laboral fluida e intensa. Pero, para ello, es necesario un «acompañamiento emocional» basado en la comunicación, el respeto mutuo y la flexibilidad; en el caso de las empresas, éstas son cada vez menos burocráticas y el sistema de organización más flexible; ya no es tan importante la permanencia y los grupos de trabajo se reorganizan constantemente. Y en las familias, cada vez son más numerosos los casos de organizaciones cambiantes debido a las separaciones, matrimonios posteriores, los hijos de uno, los del otro, las custodias compartidas, etc.

Por lo tanto, los padres y los directivos deben adaptarse a los cambios y mantener siempre la curiosidad para que su cabeza se mantenga fresca y creativa. No sirve de nada que nos aferremos a los métodos antiguos, rígidos y jerarquizados. Cada vez es más importante la flexibilidad mental y la capacidad de adaptación.

¿Es necesario un control del uso que se hace de Internet para los hijos y para los trabajadores?

En el caso de los hijos creo que lo más importante es una buena educación sobre los riesgos de Internet y tener los ordenadores en una sala común, en vez de en su dormitorio. Creo que el objetivo es que los hijos tengan una vida equilibrada en la que hagan diferentes actividades (deportes, amigos, estudios…), Internet puede llegar a ser un problema cuando se convierte en obsesión. En el caso de los colaboradores, en mi opinión lo importante son los resultados que obtenga esa persona no cuánto tiempo necesita para obtenerlos. Yo he trabajado muchos años en una empresa de software de control de uso de Internet y el producto era muy bueno. Para mí son herramientas que pueden ayudar a las personas que las consideren necesarias.

Para finalizar la entrevista queremos, desde Blog SAGE Experience, darle las gracias a Natalia por su generosidad al concedernos la entrevista y le deseamos lo mejor con su libro dedicado a la familia y a la gestión de las buenas relaciones en el trabajo para alcanzar el éxito.

Más información | Buen padre, mejor jefe con Natalia Gómez del Pozuelo
Más información | El jardin del libro, Fnac

Marcos es Ingeniero de Telecomunicación por la UPM y trabaja en Banca Comercial desde hace 15 años.

Ahora también es colaborador de Blog Sage Experience.