¿Qué me pasa?, por Sabina Vázquez Anta

(…)De vuelta de las vacaciones, a los madrugones, a los atascos,… a las noticias sobre la crisis, el rescate, los impuestos… me tienen…. uf!, no puedo dormir bien, me molesta que me hablen… y encima mi Jefe me dice que no me esfuerzo lo suficiente, que me ve apagado, y eso no puede ser, que ó cambio ó… pero a mí, ya ni me afecta lo que me diga, porque yo no tengo ganas de nada… ¿Qué me pasa Doctor?”
– Vamos a ver… es posible que tenga estrés…
– ¿Estrés? ¿Y eso es muy grave?
– Depende de la fase en la que esté…
– ¿Y cómo puedo saberlo?
– Observando sus síntomas… (…)

Probablemente más de uno de vosotros se sienta identificado con esta situación, y en más de una ocasión la vida laboral nos devuelve mayores motivos que propician síntomas más graves. Si lo llevamos al extremo, seguro que alguno de los que leerán este artículo, dicho estrés les ha animado a abandonar su esencia de trabajador infatigable, de constante superación, de espíritu retador.

Tenemos dos opciones, pensar que somos víctimas de las circunstancias y nada podemos hacer: es un hecho causal, dónde la base de nuestras dolencias está en lo que nos rodea única y exclusivamente, y que no podemos hacer nada más que dejar que nuestro cuerpo enferme, es decir, actitud pasiva y a esperar un negativo desenlace. O de lo contrario, optar por relativizar nuestro entorno, cuidar nuestra salud (deporte, vida sana, recuperar ilusión por las pequeñas cosas, cuidar los detalles, los amigos, la familia…).

Es decir, actitud positiva, que es de la única manera que se puede salir triunfante de situaciones “adversas y a veces casuales” y que desafortunadamente se repetirán en vuestra vida, más de lo que uno quisiera, y a priori, más de lo que uno está preparado para soportar.

Dicho así, esto parece que está “chupado”, porque la opción es clara, si el diagnóstico es que padeces “estrés” ¿quién va a optar por compadecerse de sí mismo y esperar, cuando, con observar los síntomas y relativizar las cosas, tienes el camino marcado para salir airoso, además de que puedes salir reforzado en tu autoestima, en tu ego? Efectivamente, estáis en lo cierto, no es una tarea fácil. Esto va a requerir empezar desde el principio, ¿estar estresado es siempre negativo? No.

Te invito a que sigas leyendo…

Veamos, es importante tener presente que los factores psicosociales son los grandes olvidados, aquellos que no se ven fácilmente en la relación entre el trabajo y la salud. Pero existen múltiples estudios científicos que demuestran que las condiciones de trabajo derivadas de la organización del mismo influyen en la salud de los trabajadores. Podemos determinar cinco grandes grupos de riesgos psicosociales:

  1. El exceso de exigencias psicológicas
  2. La falta de influencia y desarrollo en el trabajo
  3. La falta de apoyo social y calidad de liderazgo
  4. Las escasas compensaciones
  5. La doble presencia.

Entonces ¿el estrés dónde lo enmarcamos?

El estrés es la consecuencia de la exposición a estos factores psicosociales. Así, podemos definirlo como el conjunto de reacciones emocionales, cognitivas, fisiológicas y del comportamiento a ciertos aspectos adversos o nocivos del contenido, la organización o el entorno de trabajo. Es un estado que se caracteriza por altos niveles de excitación y angustia, con la frecuente sensación de no poder hacer frente a la situación.

Profundicemos un poco más….Son tres las fases del estrés:

  1. Fase de alarma
  2. Fase de resistencia
  3. Fase de agotamiento

En la fase de alarma el organismo, ante un estresor, produce una intensa activación fisiológica que facilita la generación de recursos para actuar. En la fase de resistencia, se mantiene un elevado nivel de activación durante un periodo de tiempo prolongado puesto que el primer esfuerzo no tuvo éxito. En la fase de agotamiento el organismo apura sus recursos y progresivamente pierde su capacidad de activación, a partir de donde sobreviene la enfermedad.

Si resulta evidente la vinculación entre altos niveles de estrés y deterioro de la salud, podríamos concluir que el estrés es siempre negativo, pero como os decía, la respuesta es “no”, desde mi punto de vista. Fijaos, un ejemplo, en la sabana africana ante la mínima percepción de peligro, la gacela huye, su organismo se activa de tal manera que es capaz de alcanzar su máxima velocidad.

En el ámbito laboral, a menudo nos encontramos con situaciones, con estresores, que nos obligan a una activación inminente, ésta se traduce en una serie de cambios en nuestro cuerpo que nos permiten reaccionar con rapidez, y lograr cual “gacela”, alcanzar la “máxima velocidad”, el mejor resultado…es decir, lo mejor de nosotros mismos. En definitiva, podemos intuir entonces que si conseguimos no traspasar la frontera a la segunda fase del estrés, estaremos ante un estrés positivo.

Es aquí dónde, puedo compartir con vosotros la percepción de que no será una tarea fácil, pero sí superable porque por un lado, la responsabilidad de salir triunfante de situaciones difíciles empieza por uno mismo, asumiendo un rol activo y una actitud positiva, pero también de vuestros gestores, de vuestros líderes, que están obligados a calibrar dónde se encuentra la frontera entre la activación y el estrés negativo de sus equipos.

Deben ser plenamente conscientes que mantener un nivel de alerta permitirá obtener resultados de rendimientos extraordinarios, pero traspasar la línea que separa la parte positiva de la negativa, es un verdadero reto para el líder, en el área de la gestión de personas, y en muchas ocasiones la asignatura pendiente, que necesitará “clases de refuerzo”.

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Imagen | Gabriel Stürmer

Sabina Vázquez Anta es la directora de Consultoría y Formación de la División de Despachos Profesionales de Sage España.