Las prestaciones de la Seguridad Social

Hace unos días tratamos las aportaciones a la Seguridad Social que realizamos a través de nuestras cotizaciones. Esas aportaciones nos dan derecho a una serie de prestaciones en caso de que se den determinadas contigencias.

Dejando a parte la prestación por desempleo, de cuya gestión se encarga el INEM, la prestaciones más evidente son la asistencia sanitaria, que consiste en proporcionar los servicios médicos y farmacéuticos necesarios para los ciudadanos, y la pensión por jubilación, cuya regulación fue modificada el pasado año. Pero además de éstas la Seguridad Social nos cubre otro tipo de situaciones.

Prestación por Invalidez Temporal y baja por maternidad

La Seguridad Social abonará a los trabajadores la prestación económica por incapacidad temporal para cubrir la falta de ingresos que se produce cuando el trabajador, debido a una enfermedad o accidente, está imposibilitado temporalmente para trabajar.

En el Régimen General, las cantidades a cobrar en casos de baja por enfermedad común, son las siguientes:

  • El 60% de la base reguladora (promedio diario sobre la base de cotización) desde el día 4 hasta el 20 inclusive.
  • El 75% de la base reguladora desde el día 21 en adelante.

Si la baja se produce derivada de un accidente de trabajo o de enfermedad profesional se cobra el 75% de la base reguladora desde el primer día.

En cuanto a los trabajadores autónomos, las condiciones de la cobertura son las mismas que en el Regimen General siempre que se cotice por IT y por contingencias profesionales. Hasta hace poco estas coberturas eran voluntarias, pero una reciente modificación del Régimen establece como obligatoria la cotización por IT para las nuevas altas.

La prestación por maternidad cubre la pérdida de rentas del trabajo o de ingresos cuando se interrumpe su actividad para disfrutar de los períodos de descanso por maternidad, adopción y acogimiento. Como regla general tiene una duración de 16 semanas ininterrumpidas, si bien en caso de un parto múltiple se amplía en 2 semanas más por cada hijo a partir del segundo y en el supuesto de discapacidad del hijo, cuando ésta sea de grado igual o mayor al 33%, serán 2 semanas adicionales. La prestación económica a percibir equivalente al 100% de la base reguladora.

Incapacidad permanente

Si la incapacidad fuera permanente, por lo que no podríamos realizar nuestro trabajo o actividad de manera definitiva percibiremos una prestación en función del grado de esa incapacidad.

En caso de incapacidad parcial, aquella que ocasiona al trabajador una disminución no inferior al 33% en su rendimiento normal para la profesión habitual pero no le impide la realización de las tareas fundamentales de la misma, la cuantía a percibir es una cantidad a tanto alzado que se determina según el grado de invalidez y el tipo de lesión sufrida.

La invalidez total es aquella que nos imposibilita para realizar nuestro trabajo habitual pero no para ejercer otra profesión. Como norma general, la cuantía a percibir será el 55% de la base reguladora, si bien este prcentaje puede incrementarse en un 20% más para los mayores de 55 años cuando se les presuma la dificultad de obtener empleo en actividad distinta de la suya habitual.

Cuando esa incapacidad no permite ralizar ningún tipo de trabajo hablamos de invalidez absoluta. En este caso la pensión es del 100% de la base reguladora aunque si ese hecho es derivado por un accidente de trabajo y la lesión se produzca por máquinas, artefactos o en instalaciones, centros o lugares de trabajo que carezcan de los dispositivos de precaución reglamentarios, los tengan inutilizados o en malas condiciones, o cuando no se hayan observado las medidas de seguridad e higiene en el trabajo, las pensiones aumentarán, según la gravedad de la falta, de un 30% a un 50% recayendo directamente sobre el empresario infractor el pago de ese recargo.

Debemos tener en cuenta, en el caso de incapacidad absoluta, que el cobro de esta pensión no impedirá el ejercicio de aquellas actividades, sean o no lucrativas, compatibles con el estado del inválido y que no representen un cambio en su capacidad de trabajo a efectos de revisión.

El último grado de incapacidad permanente es la gran invalidez, aquella que además de imposibilitar la realización de cualquier tipo de trabajo, hace necesaria la asistencia de otra persona para los actos más esenciales de la vida, tales como vestirse, desplazarse, comer o análogos.

Para estos casos se establece una prestación consistente en el 145% de la base reguladora. Como en el caso de la invalidez absoluta, si el hecho causante es derivado de un accidente de trabajo donde se demuestre responsabilidad del empresario, la cuantía podrá elevarse de un 30% a un 50%.

Viudedad y orfandad

En caso de fallecimiento, el cónyuge superviviente tendrá opción a cobrar una pensión de viudedad cuya cuantía equivale al 52% de la base reguladora. El cobro de esta pensión compatible con cualquier renta de trabajo del beneficiario y con la pensión de jubilación o incapacidad permanente a que el mismo tuviera derecho.

Así mismo, si el fallecido tuviera hijos menores de 21 años, éstos tendrán derecho al cobro de una pensión de orfandad. Dicha pensión se cobrará individualmente por cada uno de los hijos hasta la edad de 21 años y será del 20% de la base reguladora. Alcanzados los 21 años de edad, si los beneficiarios no perciben otros ingresos, se podrá extender el cobro hasta los 25 años.

En Blog SAGE | El coste laboral medio se sitúa en 30.820 euros en el año 2010
Imagen | Arkangel

Mister Empresa es Master en Asesoría Fiscal y Contabilidad. Consultor empresarial y formador de emprendedores, pertenece a la red de mentores de empresas de la Xunta de Galicia y escribe en Pymes y Autónomos y en Actibva .
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