La subida de IVA: repercutir o no al cliente, esa es la cuestión


El próximo 1 de julio entra en vigor la modificación del Impuesto sobre el Valor Añadido, establecida en la Ley 26/2009 de Presupuestos Generales del Estado para el 2010. A partir de esta fecha las modificaciones de los tipos impositivos a aplicar son los siguientes:

  • Tipo general pasa del 16% al 18%
  • Tipo reducido pasa del 7% al 8%
  • Tipo superreducido se mantiene el 4%

Muchas voces se han mostrado tanto a favor como en contra de la medida, pero tras muchas discusiones y algún que otro rumor sobre un posible retraso en su aplicación, lo cierto es que el 1 de julio entra en vigor la modificación. La cuestión es que el fin del impuesto es gravar el consumo y que esta subida, teóricamente, se traducirá en una subida de precios que puede afectar al consumo, ya de por sí en situación delicada.

Ante esta coyuntura, muchas empresas, sobre todo las grandes compañías del comercio y la distribución, han comunicado que no incrementarán sus precios y asumirán ellas dicha subida. La cuestión que se plantean ahora el resto de empresas es si hacer o no lo mismo, esto es,repercutir o no la subida a sus clientes.

¿Qué harán las demás empresas?

Debemos de destacar que esta medida afecta en mayor medida a las empresas cuyos clientes son los consumidores finales. Aquellas cuyos clientes sean a su vez empresas o profesionales no deberían de tener excesivos problemas al aplicar la subida, ya que estos clientes tienen la posibilidad de desgravar ese incremento del impuesto en su declaración trimestral de IVA.

Se han detectado tres tendencias a la hora de plantearse el traslado o no del incremento impositivo a los precios finales:

  • Absorber la subida y no repercutirla al precio
  • Aplicar la subida al precio final de productos y servicios
  • Repercutiría una parte en el precio y absorber el resto

Un estudio reciente de la Cámara de Comercio de Barcelona (PDF) aportaba el dato de que el 23% de las empresas encuestadas optarían por absorber la subida, el 45% repercutiría directamente en los precios el incremento y, por último, el 19% optaría por la solución intermedia. El resto no ha decidido todavía lo que va a hacer. Eso sí, cuanto más pequeña es la empresa menos capacidad para absorber la subida tiene.

¿Entonces, qué hacemos nosotros?

Es obvio que la decisión es personal, cada uno debe analizar el impacto que la subida de precios pueda tener en las ventas de la empresa. De todas formas estamos hablando de un incremento de un 1 ó 2 %, una subida porcentual de este tamaño tampoco supone que los precios se disparen, salvo que se aproveche la subida del impuesto para elevar los precios en un porcentaje mayor al que corresponde por el cambio impositivo.

Por lo tanto, debemos de valorar el impacto económico de que la empresa absorba esa subida y se rebaje el margen de beneficios en el tanto por ciento correspondiente, si podemos asumirlo y estamos dispuestos a ello, adelante. Si no podemos, tampoco debería de afectar tanto el incremento y si no estamos seguros, podemos tirar por la calle del medio.

También debemos de tener en cuenta que estas opciones se plantean a las empresas en estimación directa. Las que están en regímenes especiales, como el recargo de equivalencia, o con exenciones limitadas o regla de la prorrata deben de tener otra consideración que trataremos en otra ocasión.

Mister Empresa es Master en Asesoría Fiscal y Contabilidad. Consultor empresarial y formador de emprendedores, pertenece a la red de mentores de empresas de la Xunta de Galicia y escribe en Pymes y Autónomos.

Colaborador, desde su inicio, de Blog Sage Experience.