Dos ejemplos de lo fácil que es perder la confianza de un cliente (y uno de lo sencillo que es ganarla)

En los tiempos que corren se escucha por todas partes que hay que recortar costes allá donde se pueda. Toda partida que sea prescindible, es víctima de un hachazo presupuestario y desaparece de manera fulminante. El problema surge cuando estos recortes se aplican al servicio ofrecido a los clientes y se plantean procesos de venta o de atención que dejan mucho que desear.
Esta semana he podido sufrir varios ejemplos en mis carnes, los cuales usaré para desarrollar el tema de esta entrada: empresas que piensan que sus clientes son tontos
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