Ser un buen profesional no supone ser un buen líder: el ejemplo MasterChef

El concurso MasterChef es uno de los llamados “talents shows” de cocina más populares. Participan aficionados a la cocina que tienen que ir pasando diferentes pruebas en las que se van descartando candidatos hasta llegar al ganador. Pueden ser pruebas individuales o de grupo. Y es aquí donde ser un buen profesional deja claro que no supone ser un buen líder.

La dinámica del concurso consta de una prueba individual donde se eligen los capitanes de los dos grupos que compiten por la inmunidad. El que pierde se va a la prueba de eliminación. Muchos de los candidatos ya han sido capitanes en algún momento del concurso y han demostrado su capacidad organizativa y de liderazgo. Vamos a ver algunos de los inconvenientes que se han podido observar en este caso.

Del dictador al que va a su aire, diferentes modos de entender el liderazgo

Hay que tener en cuenta que la dinámica del concurso hace que estas pruebas de grupo sean claves. Un tiempo muy ajustado para la creación de los platos hace que necesariamente la coordinación entre todos sus miembros sea una de las cuestiones fundamentales para sacar la prueba adelante. Esta es la principal labor que debe realizar el líder, no tanto demostrar que sabe lo que se tiene entre manos, como ser capaz de sacar el mejor rendimiento de cada uno de los miembros de su equipo de trabajo.

En una de las primeras pruebas de grupo, los concursantes eligieron como capitanes a los más veteranos entre ellos, José Luis y Jordi. Profesionalmente, ambos trabajan en sectores comerciales, inmobiliario y aspiradoras, por lo que la dirección de los equipos parecía estar en buenas manos. Y lo cierto es que aquello fue un completo desastre. Bien es cierto que todavía no conocían las habilidades de cada uno de los concursantes, por lo que adjudicar a cada uno de ellos la tarea en la que mejor se desenvolvían era complicado. La coordinación brilló por su ausencia, ni mandaron, ni inspiraron.

Un jefe de cocina debe ser un buen líder

En otras pruebas de grupo hemos podido ver a otros capitanes. Nathan fue un ejemplo del líder que asigna tareas, se centra en su parte del trabajo, pero ni coordina al resto, ni les ayuda y dirige. Afortunadamente los miembros de su equipo de trabajo eran disciplinados y aplicados, pero el resultado de la prueba no fue el óptimo. De hecho, uno de los presentadores y cocineros profesionales, Jordi Cruz, tuvo que llamar la atención al líder ante la dejadez de sus funciones. Un líder no se puede centrar sólo en una parte del trabajo que sabe ejecutar bien.

Elena era la líder del equipo rival. Coordinaba y mandaba con eficacia, pero los miembros de su equipo no ejecutaban sus órdenes. En este caso hablamos del líder sin autoridad, que no sabe imponerse al resto de miembros de su equipo. El objetivo del equipo es común, salir ganadores de la prueba de grupo y ganar la inmunidad. La forma de lograrlo, desde luego, dista mucho de ser la misma.

Es complicado imponerse como líder en un concurso de este tipo. Las jerarquías no están determinadas como en un trabajo real. El jefe es el que siempre tiene la última palabra. Pero lo que sí está claro es que mejor que imponer es convencer. La diferencia entre el líder y el jefe es que el primero es capaz de tener un equipo de trabajo detrás, que acepta el mando y sabe que le conducirá al éxito. En el segundo caso, simplemente acepta el mando.

Los ascensos en la empresa, de empleado a jefe de equipo

En la organización de la empresa lo vemos en el día a día. Una vacante supone muchas veces que alguien asciende en la empresa. Un empleado pasa a ser jefe de equipo. ¿Es la decisión acertada? Lo cierto es que muchas veces no lo vamos a saber hasta que no comience con sus nuevas funciones. Lógicamente, es fundamental que conozca el trabajo que tienen que desarrollar las personas a su cargo para poder asignar las tareas, controlar tiempos de ejecución, que sepa escuchar, etc.

Si el jefe de equipo, el líder, va a ser el mejor profesional que tenemos en dicho equipo, para empezar, vamos a perder al mejor trabajador, ya que no va a poder realizar las mismas tareas. No queremos que él se cargue con todo, sino que sea capaz de dirigir, orientar y motivar al resto del equipo para que lo hagan.

Si no lo consigue, lo normal es que sea él quien se encargue de las tareas más complicadas. Al no delegar, supone que no va a tener tiempo para coordinar, revisar y estar pendiente del resto de miembros del equipo, por lo que su labor fundamental como líder deja de ejercerla. No es fácil coordinar un grupo de trabajo. Se necesitan habilidades diferentes que hacen que quizás el mejor de tu equipo no sea el más adecuado para liderarlo.

Lo malo es que elegir a otro muchas veces provoca que esta persona se sienta poco valorada. No debe ser así. Es fundamental transmitir la importancia de este profesional. Reconocer el valor de un miembro del equipo es fundamental para que ante un cambio de este tipo siga motivado y contento dentro de la empresa. Y no siempre es fácil.

En Blog Sage | “Nuestro miedo al miedo”, la experta en e-liderazgo Silvia Leal nos da las claves para gestionarlo
Imagen | ThinkStock