Relaciones sentimentales en la empresa, ¿tenemos que hacerlas públicas?

Pasamos más tiempo en el trabajo que con nuestra familia o amigos. Al fin y al cabo estamos entre 8 y 10 horas en el trabajo, mientras que con la familia solo nos quedan cuatro o cinco si descontamos desplazamientos y horas de sueño. Debido a ello se establecen lazos que pueden llegar a ser muy fuertes o ir un paso más allá. Es el caso de las relaciones sentimentales en el trabajo.

No es raro que, a lo largo del tiempo, surjan entre los empleados de una empresa relaciones sentimentales. Esto implica diferentes matices, dependiendo de si las relaciones son entre empleados del mismo rango o implican una relación de poder entre ellos, como sería un jefe y un subordinado. Algunas compañías tienen una política muy estricta en este sentido.

¿Hay que hacer públicas las relaciones sentimentales en la empresa?

Recientemente, el CEO de una compañía australiana vio como perdía parte de su bonus anual por el hecho de tener una relación sentimental con su asistente, hecho que comunicó tiempo después de que ésta se iniciara. La empresa no puede limitar con quién nos relacionamos, pero sí establecer un código de conducta interna que obligue a los empleados a notificar dicha relación, especialmente si se produce un conflicto de intereses.

En este caso, el CEO de la compañía informó un año después de haber iniciado su relación, razón por la cual fue penalizado al incumplir el código ético de la empresa. El dilema surge cuando se pasa de un simple affaire a una relación más estable. Y esto necesariamente implica que, desde casi el primer momento, se ha de comunicar a la empresa.

Además, si depende directamente del superior, se puede producir una falta de objetividad a la hora de realizar una evaluación de rendimiento o la capacidad para llamarle la atención en un momento dado. También se pueden levantar suspicacias entre el resto de empleados una vez que se conoce dicha relación.

Este es el principal motivo por el cual cada vez son más las empresas que incluyen en sus códigos de conducta la obligación de informar de las relaciones sentimentales con algún compañero de la organización o, incluso, con personas de otras empresas colaboradoras con las que se pueda presentar algún conflicto de intereses. En todo caso, los empleados prefieren la discreción, sobre todo si se trata de relaciones breves.

Los peligros de las relaciones sentimentales en la empresa

Las relaciones sentimentales en el entorno laboral son mucho más habituales de lo que nos podría parecer. Según una encuesta, aunque en 2017 ha descendido el número de trabajadores que afirma haber tenido una relación sentimental en el trabajo, el índice de 2016 era de un 44%. Y España no es un caso aislado, ya que en otros países el índice es todavía más elevado.

Además de los conflictos de intereses, las relaciones sentimentales en la empresa pueden generar una serie de inconvenientes a corto y medio plazo. Empezando por enturbiar el buen clima laboral, algo que puede ser muy sencillo cuando se producen algunas tiranteces debido a malos entendidos entre compañeros que han tenido una relación y no han acabado de la mejor manera.

Además, cuando se establece una relación prolongada en el tiempo, hay problemas para separar vida personal y laboral. Lo que antes era una discusión entre compañeros o un simple intercambio de opiniones (que no llegaba a mayores), ahora se convierte en algo personal, donde separar la relación entre colegas y sentimental no es tan fácil como podría parecer. Nunca vas a tratar igual a tu pareja que a otro compañero.

Muchas veces es algo injusto, ya que por este exceso de confianza hacia la pareja no se tiene tanto tacto a la hora de comunicar o solicitar cualquier cuestión laboral. Esto lleva a ser más duro o simplemente menos considerado con el compañero con el que tenemos una relación. Y esto muchas veces afecta tanto al ambiente de trabajo como luego a nuestra vida personal.

Y es que esta relación sentimental con alguien del trabajo muchas veces impide desconectar de la empresa. Cuando se llega a casa, se sigue conversando sobre diferentes aspectos del día a día, que en este caso al estar los dos miembros de la pareja en la misma organización supone seguir pensando en el trabajo.

Por último, puede dar lugar a problemas organizativos, al solicitar vacaciones ambos al mismo tiempo. En las empresas de mayor tamaño no hay inconveniente, pero en las más pequeñas puede suponer todo un reto, especialmente si ambos trabajan en el mismo departamento. No siempre es fácil y normalmente los convenios colectivos solo garantizan que el disfrute de las vacaciones sea conjunto cuando se trata de un matrimonio, no de una relación sentimental.

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