Viajeros al tren. Primera parada REDEME. Destino, SII (formación online)

No podía financiarme de ninguna manera. Tenía mucha actividad. Mucho trasiego. Mucho ir y venir, pero, siempre o casi siempre me faltaba líquido para afrontar el resto de mis obligaciones fiscales y gastos. No sabía qué hacer ni a quién recurrir. Los bancos empezaban a cerrar el grifo. Acababa de arrancar el negocio y para sufragarlo todo no podía evitar hacer malabarismos y muchas veces, por la situación, perdía el equilibrio. No era capaz de caminar por aquel fino hilo de hierro que pendía de un extremo al otro sin tener una red de protección debajo.
Ahora, muchos años después, puedo decir que, inscribirme en el Régimen de Devolución Mensual (en siglas, el REDEME) me sirvió de abrigo. Me obligó a llevar mis cuentas y facturas al día. Me enseñó a ser ordenado y pulcro. Meticuloso y comprometido con mi asesor. Nunca más tuvo que decirme a regañadientes “acuérdate de traerme las facturas…”.

Fue de hecho en 2009 cuando, ahogado por una crisis que empezaba a aflorar de forma lacerante, tomé la decisión adecuada. Confío ciegamente en mi gestor y fue él quien me dijo: “tus problemas de liquidez van a mejorar”. Me explicó la finalidad y las ventajas de acogerme al REDEME, lo cual me permitiría obtener el exceso de IVA soportado de forma mensual sin tener que esperar a final del año para proceder a su solicitud. La propuesta y el escenario pintaban de maravilla. Así es que, después de darle un par de vueltas, y de leer los correspondientes folletos, decidí como no podía ser de otra manera subirme al tren del REDEME. Buen viaje. Feliz ruta.

Durante todos estos años he ido obteniendo puntos, pues la obligatoriedad de presentar mensualmente los registros de mis facturas a través del modelo 340 han tenido premio. No el gordo, pero sí que empezó con una pequeña pedrea – cobrar mensualmente un IVA- a cambio de este 340 y un 303 autoliquidado de forma mensual. Eso sí, en los inicios la carga de equipaje que quedaba era aun suficientemente pesada, porque la maleta del 347 era una considerable lastra.

El tren del Régimen de Devolución Mensual, REDEME, continuaba haciendo paradas en el camino y funcionaba bien. Prueba de ello se traduce en que los pasajeros no se apeaban. El tren continuaba manteniendo sus comodidades y ventajas. Pero, ya se sabe que, con el paso del tiempo, todo se gasta y deviene obsoleto y hay avidez de nuevas ideas, de nuevos proyectos y de nuevas situaciones. Todo material necesita de un mantenimiento y cuanto más moderno y cuidado, menos cargas y preocupaciones.

Fue así como, a lo largo de esta ruta y para estos pasajeros, para el ejercicio 2012, se eliminó la parada del 347. Había quedado para ellos anticuada. ¿Por qué hacerlo si AEAT ya tenía la suficiente información de mi negocio y suficiente control con lo ingresado, lo facturado, lo gastado y lo devuelto? La ruta ganaba minutos y el recorrido hasta el destino final disminuía. Dos paradas solamente: 340 y 303 mensual. Y eso sí, a final del año traca final, modelo 390.

REDEME a alta velocidad

Entre 2009 y 2012, para desembocar en 2014, el camino se hizo menos gravoso. Con estas premisas pues, era una gran ventaja acogerse, si se podía, al Régimen de Devolución Mensual.

Invocando una vez más a la velocidad y al cambio, a la reducción de tiempos, y al aumento de ventajas y comodidades, ahora en 2017, el tren del REDEME necesita imperiosamente de un inevitable trasbordo. Los raíles se estrechan, los trenes son completamente remodelados, y los más de aproximadamente 45.000 pasajeros del REDEME deberán asir maletas y demás útiles y subir al tren del Suministro Inmediato de Información (en siglas, SII).

Hoja de ruta

El itinerario es sencillo y el cambio de vías y tren, tres cuartos de lo mismo. Y, además, con algún que otro tinte de clase preferente.

Ya puedo imaginar la situación. El jefe de estación en el andén, a la antigua usanza, silbato en mano y gorra en la cabeza. No es necesario en tiempos en que todo funciona por control remoto y electrónicamente, pero un viaje de lujo, con pasajeros exclusivos, requiere sino un poco de parafernalia, si una pizca de imaginación. Como si fuéramos a subir al lujoso Orient Express.

La estridencia del silbato dictará la orden de salida. Fecha, 1 de julio de 2017. Destino final, el SII. ¿En cuánto tiempo? En el menor posible. Por el camino se han cerrado las paradas del modelo 340 mensual y del 347 anual. Ganamos segundos, minutos, horas. Ganamos comodidad. Acumulamos más puntos y más ventajas.

Estoy ilusionado porque las premisas que aprendí y vengo practicando desde que entré en el REDEME me facilitan mi adaptación al nuevo tren.

Ya soy ordenado. Ya me preocupo por mi negocio. Ya llevo la facturación al día para que a mi gestor no le dé mensualmente un ataque al corazón. Debemos respetar la salud de aquellos que bien nos aconsejan y velan por nuestros negocios, ¿no es así?

Que ahora mi asesor tenga que presentar los registros de mis facturas en 4 días (a pesar de que hasta final de este viaje inaugural que concluye el 31 de diciembre de 2017) se me permita hacerlo en 8 días, no supone para mí dolor de cabeza porque ya estoy educado. Será también una ventaja para mi asesor porque mi IVA mensual podrá presentarlo 10 días más allá del plazo que tenemos ahora. Y, además, como AEAT tendrá mis datos en tiempo real, las devoluciones de IVA que le solicite las tendré antes, puesto que con el sistema de comprobación y datos cruzados del que dispondrá, el contraste será más fácil y llevadero, haciéndose en un abrir y cerrar de ojos. Total, que el flamante paquete turístico adquirido, parece ser hecho a mi medida.

Los compañeros de viaje de REDEME

El compartimento tiene capacidad para cuatro viajeros. Me acomodo. El mozo ya ha depositado mi ligero equipaje de cargas fiscales en la parte superior casi rozando el techo. Me siento en mi cómodo asiento y de pronto, unos nudillos aporrean la puerta.

Otro REDEME. ¡Y qué REDEME…! Con un aire sombrío de duda sobre su faz maquillada entra una mujer de mediana edad bien vestida y elegante, alta y esbelta. Me levanto como signo de educación y respeto y agradece el gesto con una sonrisa. Rompemos así el hielo.

Ha escogido el lado de la ventanilla. Como yo. Y la tengo frente a frente. Ella, con un hilo de voz aterciopelada hace lo posible para romper el incómodo silencio:

  • “Verá usted, mi asesor me ha recomendado coger el tren rumbo al SII o IVA online, pero tengo mis dudas, hay cosas que no acabo de ver, la verdad…”.

La interrumpo.

  • Señorita, no se preocupe. Ha escogido el mejor tren y la más óptima ruta. Tenemos tiempo hasta llegar al destino. ¿Quiere que le aclare alguna duda? Estaré encantado de hacerlo.

Ella sonrió. Ya somos amigos. Me espera un apasionante viaje. Me olvido del resto de los estimados 45.000 pasajeros que viajamos en el mismo tren. Y me centro en uno. Empiezo…

“El SII, o Suministro Inmediato de Información es una nueva y ventajosa posibilidad que nos ofrece la AEAT…

Y mientras hablo, al son arcaico, imaginario y desaparecido de ¡viajeros al tren! el motor se pone marcha. El tren chirría un poco y empezamos a movernos. Buen viaje. Feliz ruta.

 

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