Las realidades del emprendedor

El emprendedor es aquel que está en peligro de extinción. Persona soñadora y que ve lo que otros no ven. Una especie de Jesús de Nazaret de lo profesional sin importar el ámbito. Las realidades del emprendedor pueden ser muchas pero todas nacen de un sueño y para cruzar una meta.

En una parte del ring hallamos a un ser soñador que intenta materializar sus sueños sin importar demasiado la recompensa económica a recibir, en la otra, al que intenta llegar al trabajo con un coche destacable y materializar el mínimo esfuerzo en valores monetarios. Hablemos de la calidad humana del primero.

Lo que lo define

Normalmente el emprendedor necesita un proyecto que enganche. Algo que le robe el sueño gustosamente y por lo que pierda el apetito; sensación casi similar al primer enamoramiento que siente un ser. Debe sentir cierto cosquilleo en el pecho al oír el nombre de su proyecto.

El emprendedor no tiene horarios, se autopone objetivos y excede las expectativas de los clientes. Sabe que su equipo es la estructura y el corazón de la empresa, la forma que su equipo responda es dándoles la responsabilidad que merecen y hacerles participes del éxito / fracaso del proyecto.

Habitualmente el profesional emprendedor consta de una gran ambición por hacer algo distinto y que destaque, pero jamás lo empieza con ese pensamiento; se deja llevar por su férrea convicción. Mi padre siempre dice: “cuando sabes donde vas, la gente te deja pasar sin más”.

Normalmente un proyecto capitaneado por una persona emprendedora tiene un periodo de tiempo que no es el previsto. Se podría decir que los emprendedores no tienen reloj ni conocen la salida del sol. Suelen ser más productivos que los compañeros pero también más desorganizados cronológicamente hablando.

Funcionan por metas no por horarios. Trabajan sin conocer lo que es la perdida de energía porque están disfrutando de cada clic de ratón, cada factura emitida; cada vez que ven un metro construido de su recorrido sonríen y esa es la mayor nómina que reciben, sin esperar un día del mes; la tienen enfrente.

Los emprendedores usan el temor como barómetro para medir su arte. Si no hay temor es que controlarán lo que hacen, no serán ambiciosos y lo harán a desganas. Diseñarán la táctica a seguir con un par de plumazos y el resto les irá saliendo como el que no quiere la cosa. El miedo debe estar unido a la victoria. El que no se emociona es porque no siente, si no siente el color de su camino es mejor que ni lo ante.

Ese risueño miedo va desapareciendo y dejando paso a la seguridad; con esa seguridad van importando menos los obstáculos o los imprevistos. Madurar en un proyecto te hace fuerte y con esa fortaleza puedes solventar todo tipo de errores y convertir esos hechos en virtudes.

Quizás la virtud que más se debe premiar de un emprendedor es la de no pararse a mirar a la competencia. Actuar desde el sentido común y la inteligencia. Sin más. No pierde el tiempo y sobre todo, no actúa en dependencia de otros; actúa desde el corazón y consigue sin pretensiones lo que desea para, más tarde, entregar a la empresa.

Mi opinión

El emprendedor es aquel que no se sienta y espera. Es ese que abre el periódico y no critica a todos los que salen. A un emprendedor le brilla el alma y no se enfada. En un atasco puedes ver a gente enfadada pero a emprendedor lo verás aprovechando el tiempo o intentando sonreír mientras busca ideas para lleva a cabo. ¿Eres emprendedor?

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Pablo Herrero

Profesional IT dedicado a entornos empresariales, servicios, servidores y virtualización; ahora centrado en HP y en Barcelona. En ratos libres SEO, y redactor en Tecnología Pyme.

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