El procrastinar se va a acabar
¿A qué llamamos procrastinar? Llamamos procrastinar a al síndrome que evade el responsabilizarse posponiendo tareas a realizar que puede llevar al individuo a refugiarse en actividades ajenas a su cometido. El procrastinar se va a acabar con soluciones abiertas.
El típico de nueve a cinco ¿es este horario el óptimo para maximizar el rendimiento de todos los trabajadores? La procrastinación viene impulsada por mala organización, falta de ayudas al empleado o simplemente por desánimo del trabajador.
Conociendo el problema
A menudo cuando en una empresa se rinde menos se plantea un aumento de la productividad añadiendo horas de trabajo en lugar de aumentar la mano de obra o estudiar mejorar la existente mediante optimización y eficiencia.
Está demostrado que esas horas extra, a menudo no remuneradas, contribuyen poco o nada a la productividad. Son las ocho de la tarde, ya esta oscuro y todavía pueden verse numerosas oficinas con la luz encendida, con empleados apurando trabajos para el día siguiente. Adiós conciliación laboral y personal, y ya ni hablar de la familiar.
Muchas veces vemos que al alargar la jornada laboral acabamos trabajando lo mismo. El mismo volumen, quizá con peor calidad. ¿Cómo medimos cuando se trabaja y cuando se procrastina? ¿Lo podemos medir? Sí.
Normalmente los trabajadores entran a primera hora con cierto impulso, comprueban si existen fuegos pendientes de apagar, algunos revisan la agenda del jefe y una vez verificado que no existen urgencias que puedan amenazar el día, se produce un momento de relax planificado.
Volver a una velocidad de trabajo de crucero es complicado y es entonces cuando hallamos la procrastinación en muchas de sus formas de expresión: responder correos irrelevantes, dedicarle tiempo a tareas no urgentes, redes sociales, el periódico, etc. Y aún queda mucha jornada laboral por delante.
Luego la tarde pasa rápidamente, se acerca la hora de salida, entonces viene la inspiración, la urgencia y el trabajo intenso, y las pocas horas realmente eficientes de la jornada, que a menudo se deben abortar al salir a atender las labores de casa.
Luego llegamos a casa donde pensamos en: ideas, reproches… La productividad y la preparación viven con el paso cambiado, por lo que el día siguiente será la vuelta a empezar con los mismos problemas.
Soluciones
Los profesionales freelance tienen la oportunidad de trabajar cuando la inspiración les llega aunque no están libres del fantasma de la procrastinación, si no que con frecuencia son las víctimas de azote elevado a su máximo esplendor ya que padecen de manera totalmente directa las consecuencias.
Poder sentarse en pijama delante del ordenador, de madrugada, a escribir, dibujar, etc. cuando el silencio y la inspiración están en su clímax es óptimo, productivo y eficiente. Estas son circunstancia que se compensa por el otro lado de la moneda: la falta de supervisión directa, la mayor exposición a las distracciones, la reacción adversa a un exceso de presión.
No es necesario tener que hacer las cosas cuando queramos, más bien sigue siendo positivo un horario pero aderezado por el sentido común. Tener la capacidad de desconectar por completo, entregarse a las distracciones hasta la repulsión y no fijar la jornada laboral en tiempo de reloj si no en productividad neta sería la solución más idónea.
Conclusión
Podríamos decir que hacer un trabajo menos aburrido, con una libertad férrea basada en el conocimiento del mal uso del tiempo libre y por tanto rechazo al mismo, y premiar el tiempo fuera del horario de la empresa donde el empleado lleve a cabo soluciones que ayuden a adelantar o mejorar el trabajo son opciones que ayudarían a la empresa.
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Imagen | Sergio (avatareño mayor)
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Profesional IT dedicado a entornos empresariales, servicios, servidores y virtualización; ahora consultor en HP y en Barcelona. En ratos libres SEO, redactor en Tecnología Pyme y de Genbeta Social Medida.
Me encontráis a un tweet en @carvajaluchi








Comentario by AMELIA — 7, octubre'11 11:38
Creo que la mentalidad de los empresarios en este país está muy retrasada respecto a los horarios, parece ser que piensan que cuantas más horas tenga la jornada laboral y mas tarde se salga más se produce, cosa bastante erronea.
Los empresarios deberían plantearse otros horarios mas productivos y que a lavez permitan tener al empleado una vida propia.
un saludo.
Comentario by anna — 7, octubre'11 12:21
Estoy completament de acuerdo con las líneas bàsicas del comentario, la genta ha de trabajar pero cada cual en su area no vale yo de esto no quiero saber nada y le paso la pelota al otro que tambien la envia a un tercero i en una empresa pequeña ( solo somos 3) el tercero en esta caso que soy yo parece que estès en un torneo del Roland Garros, la genta ha de admitir que la experiencia és un grado, que no vale esto es que yo de esto no entiendo nada , pues chico ponte las pilas ya que como dice el refran ” El movimiento se demuestra andando ” y si el de “arriba” no da ejemplo no puede pretender que el último este que le toca resolver todos los “marrones” se harta.
Comentario by Manolo Carvajal — 9, octubre'11 18:19
Es secreto está en la dirección, el sentido común y la inteligencia. Aquel que se encarga a dirigir dentro de la empresa debe conocer cuánto tiempo se necesita para cada trabajo y en base a eso avanzar.
Gracias por los comentarios Anna y Amelia.
Comentario by pepe — 10, octubre'11 09:49
Para la mayoría de los empresarios lo que prima es el trabajo extensivo y no el intensivo. Mejor estar en la oficina 10 horas (de las cuales cuatro se dedican a dejar correr el reloj) que 7 haciendo un trabajo eficiente.
En mi empresa tenemos jornada de invierto y de verano. La de invierno de 9 a 5. La de verano, como a los jefes les molesta que nos podamos ir pronto impusieron hace tiempo la jornada de 8:30 a 15:30.
Resultado: casi todo el mundo aprovecha que de 14 a 15 los jefes se van a comer, para sacar del bolso el sándwich, el bocadillo, las piezas de fruta y comer en la mesa de trabajo.
Motivo: si sales de la oficina a las 15:30 (en realidad siempre acabas saliendo cerca de las 16:00 porque siempre hay algo urgente que te pide el jefe en cuanto llega de comer ¿por qué no se le ocurrirá esa tontería con el estómago vacío?), cuando quieres llegar a casa en el mejor de los casos son las 5 de la tarde, la hora del té.
Ya no tienes ganas de comer y te tragas lo que sea.
Al final la jornada real termina alrededor de las 2 de la tarde, porque después del bocadillo de la máquina cuesta mucho coger de nuevo el ritmo y ponerte a trabajar. A esperar que pase el tiempo, que llegue la hora de salir, y que tu jefe se retrase lo justo para que no te pase el marrón habitual y puedas salir, aunque sólo sea un día, a tu hora.
Comentario by Lorena — 11, octubre'11 10:22
Muy buen artículo, Manuel. Ojalá llegue pronto el día en que consigamos que deje de ser una utopía organizar el trabajo con sentido común en lugar de con látigo.
¡Un saludo!
@lorenablazquez
Comentario by Manolo — 11, octubre'11 10:24
Gran comentario Pepe. Es una gran vedad.
Comentario by Manolo — 11, octubre'11 10:25
Lorena, gracias por comentar. Espero que con trabajo y gente honrada lleguemos a esto.
Comentario by carmen — 11, octubre'11 17:57
estoy completamente de acuerdo,y , en el sector financiero, esto sucede de forma habitual. es típico el director de banca que va por las tardes “por si llama el director de zona” ó para ser visto.
Comentario by Mª Jesús — 13, octubre'11 13:51
Creo que tenemos que racionalizar los horarios en general y eso “arrastraría” también el de las empresas. Tenemos unas pausas de comida larguísimas y el consumidor está mal acostumbrado al ir a hacer compras a las tantas (pensemos que quien nos atiende en un comercio también tiene familia y vida privada).
A partir de cierta hora debería estar trabajando las urgencias de los hospitales, los bomberos, la policía y ciertos negocios dedicados al entretenimiento y hostelería… es mi opinión.