Quiero encontrarme bien en mi trabajo

Resulta curioso, pero para muchas personas el trabajo es la principal desgracia de sus vidas y, por el contrario, para otras es la mayor fuente de satisfacción.

¿De qué depende que unos lo vivan como una tragedia y otros como un regalo? Si formulamos esta pregunta en voz alta, seguramente, muchos nos dirán que dependerá de las experiencias previas que hayan tenido y de las circunstancias actuales en que se esté desarrollando su trabajo. Pero si los que contestan son psicólogos, afirmarán que el hecho de que nos sintamos de una u otra forma no dependerá tanto de las circunstancias de cada trabajo, sino de nuestra forma de vivirlo.

Aunque parezca una provocación, la realidad es que nos encontraremos bien o mal en función de cómo sepamos querernos y cuidarnos, tanto en la vida en general, como en nuestro medio laboral.

Llegados aquí, es lógico que en este punto haya personas que se cuestionen “cómo puedes sentirte bien en el trabajo cuando tu jefe te hace la vida imposible, o tus compañeros parecen tus principales enemigos, o tu jornada laboral se alarga hasta 12 horas…, o cuando después de todo tu esfuerzo, tu salario no cubre tus necesidades básicas”.

Si todo fuera tan claro, la gente con experiencias positivas estaría bien emocionalmente, y los que tienen la vida complicada se sentirían insatisfechos. Pero sabemos que hay personas muy infelices, teniéndolo aparentemente todo, y personas llenas de dicha en medio de carencias muy importantes.

Afortunadamente, los psicólogos somos muy útiles en lograr que personas con vivencias y circunstancias adversas consigan superar las dificultades que les ahogan, alcancen sus objetivos y disfruten de esa paz y bienestar interior que tanto anhelamos hoy en día.

Muchos se preguntarán cómo lo hacemos. La respuesta es clara: trabajando a fondo con cada persona, analizamos su caso concreto, potenciando los mecanismos y los soportes que le permitirán superar su crisis y descubriendo conjuntamente todas las enseñanzas que encierra esa difícil etapa que está viviendo.

De esta forma, podemos conseguir que lo que hoy son realidades difíciles, con esfuerzo y entrenamiento se transformen en vivencias que nos permitan alcanzar nuestros fines. Para ello, utilizaremos los recursos que ya tiene, y que a veces desconoce, pero además desarrollaremos y fomentaremos aquellos que aún no posee; de esta forma lograremos que su vivencia y su realidad sean diferentes.

Recuerdo un caso concreto: un profesional de mediana edad había venido a vernos con pocas ganas, empujado por su mujer. El hombre tenía mucho escepticismo y bastante desaliento, y a las primeras “de cambio” me preguntó:

¿qué pueden hacer ustedes por mí?, ¿pueden lograr que cesen a mi jefe?, ¿pueden desenmascarar a los compañeros que me están segando la hierba bajo mis pies cada día?, ¿pueden conseguirme otro trabajo, al menos de igual nivel y remuneración, pero donde la gente me respete y me valore? Mi respuesta fue: ¡Podemos conseguir mucho más!

Si trabajamos conjuntamente, podemos conseguir que de ahora en adelante sus jefes y compañeros no condicionen su vida. Podemos conseguir que su valoración y su bienestar no dependan de los demás. Podemos conseguir que tenga la confianza y las habilidades que le permitan afrontar y superar las situaciones más difíciles que se puedan dar en su entorno laboral. Podemos lograr que usted lleve el timón de su vida y se sienta bien consigo mismo, esté donde esté y por muy difíciles que sean sus circunstancias.

Para ello, sólo necesitamos que se deje ayudar, que vuelva a creer en usted, que recupere su confianza, su seguridad y su autoestima; de esa forma aprenderá con cada situación difícil que está viviendo, y su sensación de fracaso, de impotencia y de injusticia, no le llevará a la derrota y al pesimismo que tanto daño le están haciendo.

En general, ante situaciones de desánimo y desesperanza, necesitamos tres requisitos para superar las dificultades y recuperar la ilusión:

  1. Una actitud abierta al aprendizaje, que nos permita observar, recapacitar, analizar y actuar desde la lógica y la inteligencia emocional.
  2. Una perseverancia que nos ayude a superar las crisis, los momentos bajos de ánimo, y las dudas que aún se pueden presentar.
  3. Una esperanza que nos permita volver a recuperar las ilusiones que habíamos perdido.

Con estas tres premisas será más sencillo. Todos sabemos que el trabajo es como la vida, a pocas personas les deja indiferentes. Pero, aunque el trabajo ocupa una parte tan importante en nuestra existencia, la realidad es que resulta muy preocupante que, a pesar de esta evidencia, nos hayan preparado tan poco para afrontar con éxito una actividad a la que dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo y los mejores años de nuestra vida.
No olvidemos que:

El trabajo puede ser nuestro mejor aliado o nuestro mayor enemigo.
No dejaremos que el azar o las circunstancias condicionen nuestra vida profesional.
El timón está en nuestras manos, aprendamos a llevarlo con firmeza y con pericia en todo momento, pero muy especialmente cuando las aguas estén revueltas.

Con el fin de que cada lector pueda extraer los análisis que resulten más aplicables a su trabajo y realidad actual, enfocaremos nuestros próximos posts desde una perspectiva muy práctica.
Vamos a intentar poner “nuestro” cerebro a “nuestro” favor y, para ello, será crucial que TODOS LOS DÍAS DEDIQUEMOS AL MENOS 30 MINUTOS A REFLEXIONAR.

La reflexión es nuestra principal fuente de conocimiento. Podemos vivir con dificultades, incluso con penalidades, pero no podemos dejar nuestras decisiones en manos de los demás.


María Jesús Álava Reyes es Socia Directora de Apertia Consulting y directora del Centro de Psicología Álava Reyes.

Autora de números libros como La Inutilidad del Sufrimiento (con más de 250.000 ejemplares vendidos), ha dirigido la enciclopedia La Psicología que nos ayuda a vivir. Es colaboradora habitual de diversos medios de comunicación: prensa, radio y televisión. Puedes seguirla en su web alavareyes.com

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