Las amenazas del pensamiento grupal en la toma de decisiones

Cuando las decisiones organizacionales se ponen en manos de grupos de trabajo corremos el riesgo de que las conclusiones alcanzadas se realicen en base a la distorsión de las perspectivas individuales. Esto es así porque en el pensamiento grupal confluyen dos presiones básicas: la que nos lleva a defender y extremar nuestra posición y la que nos insta a llegar a un consenso.

Si no se utiliza un método de trabajo dichas fuerzas pueden terminar como una decisión final ineficiente y alejada de los objetivos que se pretendían conseguir, pero con un planteamiento metodológico podremos conseguir una herramienta muy potente gracias a la amplitud y profundidad que proporcionan los grupos.

Por tanto el famoso “1+1=3″ solo puede conseguirse con el esfuerzo consciente de la empresa para organizar el debate y no se debe entender como una ley exacta que se cumple siempre que se realiza un trabajo entre varios individuos.

El pensamiento grupal y la minoría ignorada

En un grupo existen pensamientos generales que son aceptados en mayor o menos medida y otros minoritarios que suelen ser materia de discusión y desacuerdo. Con la presión de consenso se fuerza de manera indirecta a que se busquen los puntos en común y se minimice la participación de aquellos que abren conflictos.

Esto nos llevará a ignorar los pensamientos minoritarios aunque puedan resultar más eficientes para lograr el objetivo que busca la organización. Por tanto, la presión de consenso puede actuar como inhibidor si no se gestiona correctamente ya que puede convertirse en un fin en sí mismo.

La toma de decisiones en grupo tiene además algunos conocidos problemas como la responsabilidad diluida, la amenaza del conformismo compartido, la necesidad de mayores plazos temporales y el dominio de los grandes grupos de presión que nos llevan hacia la evaluación parcial de los problemas.

Caminando hacia los extremos

Cuando un individuo defiende una postura ante un grupo puede ser víctima de un fenómeno curioso que nos lleva a extremar nuestra posición para imponerla a los demás o incluso para bloquear las contrarias que puedan estar debatiéndose.

Esto nos llevará a un pensamiento más conservador o aventurado de lo normal que en un grupo puede tener un efecto pernicioso. Por ejemplo, esto puede ocurrir si se marcan plazos de debate demasiado cortos ya que la persona puede considerar que no ha evaluado adecuadamente los otros puntos de vista y se encierra en el suyo antes de que se acepte algo que puede ser negativo para él.

En definitiva, hablamos de presiones que pueden hacer que las personas consideren que la negociación es el verdadero objetivo llegando a conclusiones por agotamiento en las que se han ignorado gran parte de las alternativas y las repercusiones reales de su aplicación.

¿Cuántas veces se ha tomado una decisión que más tarde ha sido criticada por el grupo? ¿cuántas veces nos hemos sentido presionados por aceptar los argumentos ajenos silenciando algunas de nuestras propuestas?

El grupo es un ente poderoso que puede modificar nuestra actitud, pero una vez fuera del mismo se puede retomar una posición más objetiva e individual con la que descubrir los errores de los acuerdos alcanzados. Si esto es así de forma general es que algo estamos haciendo mal.

Entonces… ¿es malo utilizar a los grupos en las tomas de decisiones?

Nada más lejos de la realidad, pero necesitamos estructurar el trabajo grupal para evitar que se convierta en un descontrol que nos arrastre hacia la ineficiencia. Tienen algunas desventajas a gestionar pero también virtudes a potenciar.

Los grupos nos pueden aportar amplios puntos de vista (diversidad), mejorar la autocrítica de la organización, aumentar la motivación de sus miembros, proporcionar soluciones minoritarias, estudiar los problemas desde los diversos departamentos de la empresa, lograr acuerdos aceptados por la mayoría, etc…

Algunos métodos que pueden ayudarnos a utilizar los grupos de forma exitosa son: el Brainstorming, la sinéctica, la técnica del grupo nominal o el método Delphi del que ya hemos hablado en este blog. Como decía un anuncio… la potencia sin control no sirve de nada.

En Blog Sage | ¿Qué es el análisis Delphi?, El líder de las sinergias, La planificación de los cambios en las organizaciones
Imagen | Germán R. Udiz

Grudiz es máster en gestión de RRHH, ADE, Bachelor in Business Administration (EEUU), formador de empresas, responsable de área fiscal y gestor estratégico. Escribe en Pymes y Autónomos y en Actibva.

Puedes seguirlo en Twitter en @Grudiz_