La Justicia española permite la venta de productos falsos

Copia

Hace unos días me topaba con asombro ante una noticia que comentaba brevemente una sentencia que absolvía a una persona que fue denunciada por vender productos de imitación de grandes marcas. Las razones que expone el juez son cuando menos sorprendentes, por lo menos para alguien como yo, que no soy un experto en propiedad industrial, pero si alcanzo a ver que si alguien vende una imitación de un producto con la imagen de mi marca y no pasa nada, aquí está pasando algo raro.

Según cuenta la noticia (cito literalmente) “la Justicia entiende que los vendedores (sean manteros o dueños de tiendas) no le causan daño alguno a las marcas y no engañan a nadie, pues todo el mundo sabe que lo que exponen son falsificaciones y al que las compra no se le escapa que el bolso, el pañuelo, la corbata o el último cedé de Beyonce va a tener una calidad mucho más baja que el original”. ¿No resulta esto sorprendente a cualquier empresario?

Una empresa invierte en diseño, imagen de marca, un proceso de fabricación de productos de calidad, asume riesgos, obligaciones con el personal,… Y si se encuentra en el mercado un producto exacto al suyo, con la misma marca y todo, resulta que no puede hacer nada porque la Justicia dice que “todo el mundo sabe que lo que exponen son falsificaciones”. Resulta difícil de comprender, por no decir imposible.

Ahora entiendo (nótese la ironía) por qué los chinos cuando falsificaron las tiendas de Apple, les pusieron en los carteles exteriores una falta de ortografía y les llamaron “Apple Stoer”. Será para que no les puedan acusar de nada, dado que “no le causan daño alguno a las marcas y no engañan a nadie, pues todo el mundo sabe que lo que exponen son falsificaciones”. Canta a la legua el camelo, hasta han escrito mal el cartel.

A veces dan que pensar estas cosas y uno tiene la sensación de que va siendo hora de que la justicia en este país evolucione y se adapte de una vez por todas a los tiempos que corren, obligando a todas las personas que intervienen en los procesos judiciales a conocer la realidad del mundo de la empresa. Jueces que desconocen los mecanismos que mueven la actividad comercial y que a la vez juzgan este tipo de casos, no tiene sentido.

Si alguien vende productos falsificados es que resulta rentable la actividad, por tanto, es lógico pensar que causan un daño a los legítimos propietarios, que son los que tienen los derechos para comercializar un producto con un diseño y una marca. Uno más uno, igual a dos.

Cómo lo hacen es otra cosa. Este tipo de actividad es desde siempre un gran núcleo generador de esa economía sumergida que no hay manera de que aflore. Mientras este tipo de oscuros negocios siguen en pie, “sin hacer daño a nadie”, según la jurisprudencia, comprando e importando producto de dudosa procedencia, penosas condiciones laborales, inexistente seguridad, nula higiene… a otros se les exige de todo y el día que tienes una falta ¡Zas! ¡En toda la boca!

En fin, así son las cosas. Habrá que seguir peleando duro para defender los derechos de los pequeños y medianos empresarios españoles. Una cosa es copiar y otra bien diferente es vender productos falsificados.

En Blog Sage | ¿Qué es el Benchmarking?
Imagen | Images_of_Money

Pablo Herrero
Pablo Herrero es Ingeniero Industrial en la especialidad de Organización Industrial, relacionado con la Ingeniería de Organización de empresas. Escribe habitualmente en el blog Fuera de Límites y ha colaborado en Pymes y Autónomos.

Puedes seguirlo en Twitter en @pabloherrero