El valor estratégico de la marca

Todas las empresas, grandes y pequeñas, tienen su “marca”, entendida globalmente como la percepción del valor que sus clientes tienen de ellas. Una marca no es sólo un logotipo, ni un producto, es el conjunto de sensaciones y experiencias que tienen de la compañía todos los grupos de interés que interactúan con ella.

La marca es uno de los activos intangibles que a veces no se toma con la consideración debida. Es igual que la maquinaria o el local, pero no se puede tocar. Ya hemos desarrollado este tema en el blog, pero volvemos a insistir en él por su importancia.

Cuando hablamos del empeño de las empresas por prestar un buen servicio, por vender a precios competitivos y por satisfacer las necesidades de sus compradores, nos estamos refiriendo a la exigencia que se autoimponen por contar con una buena imagen, por tener una buena reputación; en otras palabras, por “crearse una marca” que las distinga de la competencia.

Apostar por el futuro del negocio

La marca y su gestión no son, por tanto, exclusivas de las grandes compañías. También las pequeñas están obligadas a cuidarla porque es un valor estratégico prioritario. Y cuando no se tiene un responsable dedicado en exclusiva a ello, como ocurre en la gran mayoría de las pymes, incumbe a toda la organización que esa reputación se mantenga y se consolide en el tiempo, pues es así como la cultura corporativa se fortalece.

Cuando los clientes entablan una relación con una empresa entran en juego distintas percepciones que se traducen en sensaciones, emociones, conclusiones sobre lo que se le ofrece y lo que recibe. Y aquí es donde se la juegan las organizaciones, en la coherencia entre el mensaje y el valor que aportan al consumidor.

Gestionar la marca adecuadamente es hacer una clara apuesta por el futuro del negocio, que tiene varias consecuencias positivas:

  • Permite construir relaciones estables y duraderas con la clientela
  • Aumenta la productividad de la compañía
  • Se acrecienta la rentabilidad
  • Mantiene a los clientes más importantes
  • Y retiene a los empleados con mayor proyección

Estas son algunas de las ventajas que se pueden enumerar y no son exclusivas de ningún tipo de empresa, sino que cualquiera que intente superar esta crisis y crecer en la adversidad debe plantearse seriamente lo que suponen en cuanto a su importancia estratégica.

Identidad y cultura existen en toda empresa

Aunque no exista una conciencia ampliamente asimilada entre el tejido productivo patrio, la identidad y la cultura de cualquier empresa, por muy pequeña que ésta sea, existen. Son premisas que condicionan las relaciones con los públicos con los que se relaciona.

Todas tienen su historia, sus motivaciones, un proyecto, unas expectativas, unos recursos y una organización; en definitiva, unos valores. Definen los que la marca es, pero también lo que no es. De modo que no es un simple logotipo, ni una acción promocional, ni una operación publicitaria. Aunque sí es eso y todo lo demás en conjunto.

No hay que desestimar la importancia de la marca. Cuando alguien habla bien de una empresa y la recomienda a otros por razones de cualquier índole –precios ajustados, buen trato, rapidez en la entrega, prestigio en el sector,…– está valorando unos intangibles que forman parte de su identidad. Gestionarla positivamente debe ser un compromiso ineludible de todos los miembros de la compañía.

En Blog Sage Experience | Nuestra marca, una estrategia para crear imagen
Imagen | JotaC
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JotaC es licenciado en Ciencias de la Información y desarrolla su actividad profesional en banca, en el área comercial.