perdida tiempo

Cómo evitar que el tiempo en redes sociales sea un gasto y convertirlo en inversión, según Julio Aliaga

De Perogrullo, pero creo que hace falta. En palabras llanas y sencillas:

Inversión: Algo que se gasta y del que se obtiene a corto, medio o largo plazo, un beneficio.
Gasto: Algo que se gasta y del que no se obtiene absolutamente nada.

Al final del mes o de un periodo cualquiera, para, desconecta y piensa: ¿Qué me ha aportado el tiempo que he utilizado en las redes sociales? ¿Ha valido la pena? ¿He obtenido un beneficio de ello o voy a obtenerlo? Si es así, entonces has invertido más tiempo de lo que has gastado. Si no es así, tu tesorería no ha mejorado, o te sientes vacío, o ni siquiera recuerdas lo que creías en su momento haber aprendido y mejorado, entonces, ha sido un gasto. Un gasto inútil.

Mi hija de 12 años acaba de terminar de leerse, por primera vez, el libro “Momo”. A casi todos nos han alcanzado los “hombres grises” que aparecían en la obra de Michael Ende. Esos hombres invisibles que nos roban el tiempo y, para que no nos demos cuenta de ello, nos dan cosas que nos convencen de que son imprescindibles. Nos obligan en realidad a gastar el tiempo, no a invertirlo, para obtener un beneficio (en el caso del libro, exclusivamente, el beneficio de enriquecimiento personal).

Todos utilizamos el tiempo como modo de vida, ya sea ofreciendo servicios, para dárselo a una empresa trabajando por cuenta ajena y siendo remunerado por ello, o, lamentablemente, intentando encontrar uno de los anteriores para ganarse decentemente la vida. En cualquier caso, el objetivo es obtener la mayor productividad posible: la mayor y mejor cantidad de producto posible (ya sea físico, servicio o marca personal) en el menor tiempo.

Todo, sí todo, se calcula en función del tiempo: el precio de nuestro producto o servicio está en función de las horas dedicadas, por nosotros y nuestro personal. Los productos que compramos a su vez tienen un precio basado en lo mismo, y así hasta la invención de la rueda.
Sin embargo, en los últimos años se ha producido un punto de inflexión en la sociedad que quedará marcado en los libros de todas las asignaturas. Debido a las redes sociales podemos apreciar un antes y un después, puesto que hemos dejado de sólo recibir difusión de información y ahora la creamos. Y resulta que su potencial para obtener beneficios de ello es enorme.

“LOS HOMBRES NO VIVEN JUNTOS PORQUE SÍ, SINO PARA ACOMETER JUNTOS GRANDES EMPRESAS” – José Ortega y Gasset

La base para empezar a convertir las redes sociales en una buena inversión

Lejos de rechazar el cambio, lo hemos aceptado con los brazos abiertos. Pero nos falta experiencia para conseguir esa productividad. El uso de las redes sociales con la activación de dopamina en momentos puntuales nos hace ser poco productivos en general. Los hombres grises de Momo nos han alcanzado.

Si llevamos varios meses gastando más de lo que ingresamos, nos sentamos, pensamos, analizamos, ya sea en familia, con nuestro jefe o nuestros compañeros, para ver el porqué, dónde gastar menos durante el mes y cómo hacer algo para ingresar más. ¿A que sí?
Sin embargo, ¿con nuestro tiempo no lo hacemos, siendo precisamente la base de todo? El tiempo es como cualquier otra cosa a gestionar. Puede ser un gasto, de forma que no se va a recuperar un beneficio deseado al utilizarlo, o una inversión en la que su uso producirá unas ventajas competitivas.

Nos costará aprenderlo, y lo aprenderemos, pero no como hasta ahora (también un punto de inflexión en ello) a base de estudiar, esquematizar o hincar codos, sino de forma paulatina, en base a la experiencia. Yendo al grano, aquí van unas pautas que a mí me están empezando a funcionar y que luego podéis ampliar de acuerdo con vuestra idiosincrasia, opiniones o ideales.

• La más importante: es muy posible que la sensación agradable, casi eufórica, momentánea, de un artículo, una crítica, opinión visceral o imagen impactante no os valgan absolutamente para nada al final de ese periodo de “rentabilidad” (personal o profesional) que cada uno tenemos. Unas personas tienen un límite de ansiedad por la sensación de tiempo perdido. Para unos es una semana, para otros puede ser un año (las típicas buenas intenciones de septiembre o año nuevo).

Ejemplo: Gastar el tiempo en comentar o compartir en LinkedIn una frase maravillosa que nos impacte de repente de Paulo Coelho o de Albert Einstein. ¿Aporta eso algo a tu público sobre ti? ¿Sobre tu calidad profesional o conocimientos? Puede funcionar para obtener contactos. Pero, ¿ de qué calidad? ¿Son los que a ti te interesan? Publica, comenta, debate llamando la atención sobre tu persona, empresa, etc. Sobre tus conocimientos y capacidades.

• La segunda y no menos importante, y me permito una “frikada”. Una frase de nuestro querido amigo y vecino Spiderman (bueno, de su tío): Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Y ahora poderosos, teniendo a nuestra disposición elementos para difundir nuestro mensaje, publicar exclusivamente por interés personal, de fuentes no fiables, información no contrastada, conlleva, como veremos después, problemas, a veces graves, para ti y los que te rodean. La utilización del tiempo para parar, pensar y evaluar si el mensaje que vamos a transmitir es una inversión es siempre positivo. Es decir, el antiguo contar hasta 10 es hoy por hoy, más que nunca, una práctica fantástica en redes sociales.

Ejemplo: Publicar o compartir una imagen que alguien incluye en su muro de Facebook es, cuanto menos, peligroso para tu credibilidad si no contrastas y ves los comentarios de la imagen original o sin mirar si esa imagen se ha publicado en otro sitio con matices, y de efectos negativos para la comunidad. Hoy, cualquiera puede retocar, recortar, modificar o alterar la imagen, y no digamos su mensaje. El investigar es una inversión, y pensar si vale realmente la pena publicarla y comentarla lo es mucho más.

• La tercera inversión de tiempo está muy relacionada con la anterior: las fuentes de información en las que nos basamos para decir algo. Por lo menos, es preciso contar con tres fuentes de información lo más fiables posibles y de la mejor calidad posible, versadas en la materia, deben decir lo mismo o similar. Esto te permite debatir, refutar o aprender con conocimiento de causa obteniendo así un beneficio a corto y medio por demostrar que eres un interlocutor válido en esa materia, obteniendo confianza. Como te pillen en un renuncio, estarás indefenso ante un “zas, en toda la boca” y ya entonces no habrá solución.

Ejemplo: Un ejemplo sonado de fuentes no fiables es el eco que se hizo un medio de comunicación latinoamericano de canal de noticias de una publicación de un conocido blog satírico español, dando por cierto el titular: “La infanta Elena pide que la imputen”. El ridículo estaba asegurado por no contrastar. En Internet está la respuesta, pero también la trampa.

• Aunque no lo creáis, a muchos, la mayoría, les/nos molesta que les/nos hagan la pelota. En serio, hacerlo es un gasto inútil de tiempo. Si queréis relacionaros con alguien que consideréis que puede ser un contacto de “inversión”, invertid tiempo en comentar con aportes, siempre y cuando dominéis la materia a tratar. Lo demás: una inutilidad.

Ejemplo: “¡Muy bien Perico, muy bien dicho!”, “Olé por tus palabras” y mi preferida “Sabias palabras, que dios te bendiga a ti y a toda tu familia”. El 90% de los que suelen contestar así, no han leído lo que has puesto. Te das cuenta cuando ves en otro foro, red social o blog, a los mismos contactos contestando igual a alguien que opina todo lo contrario. ¿Qué confianza te crean esas personas? A mí por lo menos, ninguna. Plantéatelo y escribe y comenta para aportar.

“NUNCA ROMPAS EL SILENCIO SI NO ES PARA MEJORARLO” – Beethoven

Utilizad el tiempo en pensar en lo que puede interpretar vuestro interlocutor. Una buena intención se puede convertir sin quererlo en una lluvia de insultos. La palabra “depende” en nuestra era es la más utilizada con buen criterio. La utilización del tiempo en matizar, sin excesos, es normalmente una buena elección.

Ejemplo: Publicar en Google + “En este colegio todos los receptores de ayudas a libros son extranjeros” sin matizar que ese colegio está sito en una zona de la ciudad donde el 90% son inmigrantes, además de no ser una noticia completa (lo que hablábamos del titular), os podéis imaginar cómo va a ser interpretada.

En definitiva, y como en el diseño “diseñar menos, pensar más”. Pues eso, el pensar, siempre, siempre es una inversión.