Los retos de hoy y de siempre de los despachos profesionales

España, ya lo sabemos, es un país de pymes. Según el Retrato de la PYME 2015 del Ministerio de Industria, no es solo que el 99,88% de las empresas registradas en el Directorio Central de Empresas (DIRCE) tenga menos de 250 empleados, sino que el 53,6% no tiene asalariados y el 42,2% tiene entre 1 y 9 empleados.

La gestión, en el despacho

Por eso, el objetivo de todas estas empresas es poder hacer mejor su negocio para vender y ganar dinero, sin que se tengan que ocupar ni preocupar por otras cuestiones que, siendo importantes y necesarias, pueden robarles más tiempo del deseado.

Es aquí donde entra la figura del despacho profesional, ese asesor que, aún siendo también una pyme, debe acompañar a la microempresa, ser su mano derecha para realizar todas aquellas gestiones laborales, administrativas, legales, económicas y financieras que, siendo obligatorias, no roben tiempo al principal foco de actividad del cliente. Y todo ello sin olvidar las suyas propias.

“No tengo tiempo

La queja más habitual entre los clientes es la falta de tiempo. Si a eso le añadimos la presión por tener éxito en el negocio, Raúl Fernández Reinoso, Customer Support Direct de Sage, considera que nos encontramos con la soledad del autónomo aún estando rodeado de gente. “Soledad porque no entiende los cambios tecnológicos, fiscales, laborales, legislativos…” y debe lidiar con todos ellos al tiempo que levanta su empresa.

Por eso, considera que la obligación de los despachos profesionales es abordar esa soledad de las pymes. ¿Cómo? “Dándoles herramientas y asesoramiento para que se dediquen a su negocio, que no consiste en la contabilidad, sino en la captación de clientes, en ganar dinero. Hay que ayudarles a cumplir su sueño como empresario”.

David González, socio titular de Glezco Consultores, pone un ejemplo sobre esta labor de acompañamiento. “Estamos ante un cambio de época por la transformación digital. Hay mucho más por recorrer que recorrido”. Por eso, en su opinión, el despacho también debe asesorar al cliente para acometer esta transformación, porque todos ganarán .”Todo lo que ayudemos al cliente en esa transformación digital es tiempo que liberamos para la relación personal, tiempo que el cliente tendrá para crear más negocio y tiempo que nosotros ganaremos para atenderle mejor”.

Hay que labrarse la confianza

En el marco de Sage Forum, Ana Montecelo, empresaria y con una asesoría profesional que le ayuda en estos trámites, explicaba que la relación entre despacho y cliente debe ser personal y basada en la confianza “porque te está ayudando en temas fundamentales. El mercado es muy estricto y necesitamos tener una información muy actualizada, con herramientas que nos ayuden a lograr nuestro objetivo”. En su opinión, las asesorías tienen que ayudar a sus clientes con conocimiento y proactividad “para obtener una mejora en la productividad que buscan todas las pymes”.

Las asesorías, pues, tienen el reto de estar en constante evolución e informar a las pymes de todos los cambios legales y de las normas que se producen. “La evolución puede estar relacionada con herramientas que quizá ni conozcamos”, explica Montecelo, atribuyendo a los despachos profesionales la labor de asesorar a las pyme sobre qué herramienta utilizar.

En este sentido, Antonio Gordón, propietario de una tienda de moda en Madrid, considera que para él ha sido una bendición poder acceder a una solución tecnológica desde cualquier dispositivo y en cualquier momento y ver y compartir la misma información con su asesor. “Me ahorra mucho tiempo y tengo el control absoluto de mi negocio”. Este empresario siente que habla así el mismo idioma que el despacho profesional en el que confía, al que le reclama que facilite su trabajo, especialmente de cara a la administración. Su consejo para todos esos despachos profesionales es que se sientan integrados en las empresas para las que trabajan.

Tal y como resumía Raúl Fernández Reinoso, la satisfacción del cliente es un básico. “Buscamos crear vínculos emocionales con el cliente, porque el 95% de las decisiones se toman con el corazón, aunque las justifiquemos con la razón”.

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